Amada Rosa Pérez es una predicadora católica colombiana muy entregada a una vida de oración y que comparte internacionalmente su testimonio de conversión de haber salido del modelaje y el mundo de la fama que la tenían atada por muchos años. Tras inducirse un aborto y sufrir sus penosas consecuencias, emprende un camino largo de conversión a la Iglesia Católica.

Ella nació en Corozal (Sucre) y a los 15 años salió de su pueblo para irse a vivir a Bogotá. Estudió un pre-médico y un semestre de enfermería en la Universidad Javeriana. Se marchó luego a Cartagena donde cursó tres semestres de Administración de Empresas Turísticas. Dos años después regresa a Bogotá para realizar un semestre de Comunicación Social. Ella se describe, para ese entonces como una jovencita desubicada que no sabía lo que quería en la vida. Un día, luego de regresar a Cartagena, alguien la vio en un gimnasio en el sector del Pie de Popa y le propuso que modelara. La persona le dijo que ella tenía cierto parecido físico con la modelo famosa Claudia Schiffer.
Desde entonces se convirtió en figura pública. Estudió actuación y pronto ganó cuatro concursos, entre ellos el de Chica Águila, que le abrió la puerta a la gloria. Apariciones en comerciales, pasarelas y muchos flashes de cámaras se convirtieron en una rutina para ella. Su imagen era admirada en medio país y también solía modelar en el exterior. Tuvo que aumentar el trabajo físico para mantenerse en forma, dentro de los estrictos estándares de talla y peso que exigen las agencias de modelaje. A esto le sumó muchas dietas y dos cirugías. Vivía en un mundo de glamour y extravagancias, muy lejano al que conoció cuando era una niña de pueblo.

Mas adelante, aún inmersa en el mundo de la pasarela y cuando se encontraba en las “mieles” de la actuación, quedó embarazada y la persona que tenía a su lado le presionó para que abortara y ella por cuestiones de soledad, miedo y tras sentirse vulnerable y sensible, decidió hacerlo. Las consecuencias de tal acto le trajo, noches de desvelo y pesadillas, cargos de conciencia y depresiones continuas que le traían pensamientos de intento de suicidio. También, se sumergió en el universo de la Nueva Era para escapar del vacío y sufrimiento que estaba viviendo.

En el 2009, Amada Rosa Pérez reapareció en un evento público en Medellín, con la misma timidez del principio, cuando quería ser modelo. Pero ya era otra: había sufrido una enfermedad que, poco a poco, le quitó el 40 por ciento de la audición en el oído izquierdo, se había convertido en una devota de la Virgen y una activista incansable de la comunidad religiosa Lazos de Amor Mariano. Incluso, se había cambiado de nombre: Amada Rosa de Jesús y María.

Actualmente se muestra muy arrepentida de su anterior vida ligera y superficial, de las modas indecentes que modelaba, de realizar escenas eróticas en telenovelas, de haber llevado una vida conyugal sin casarse, de sus prácticas supersticiosas, de su aborto, de intentar matarse y en resumen: de una vida muy alejada de Dios.

Por ello, hoy en día va dando conferencias a jóvenes para que eviten pasar lo que ella vivió y se acerquen a Dios. Señala que ni la fama, la belleza ni el dinero le proporcionaron nunca la paz y felicidad que encuentra ahora en Cristo y su doctrina enseñada por la Iglesia verdadera. Por lo anterior, considera que el mundo corre tras falsos ideales que nunca terminarán por satisfacer a nadie realmente.

Su testimonio también ha salido a la luz en diversos medios de televisión no sólo religiosos sino también seculares, quienes se preguntaban continuamente el por qué de su retiro de las cámaras y de la farándula colombiana. En la película “Mary Land” del productor católico Juan Manuel Cotelo, también se le puede ver contando un extracto de su historia y su devoción profunda a la Virgen María.

Yasmin Oré

Publicado originalmente en Católicas virtuosas

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