El barrio de Wythenshawe, en Manchester (Reino Unido) posee una de las tasas más altas de criminalidad de Gran Bretaña. Sus cifras de desempleo superan en casi el doble a la media nacional. Las familias desintegradas, la pobreza y las drogas son una constante en una zona que padece una sociedad violenta y peligrosa llena de adolescentes conflictivos.

En medio de esta vorágine de violencia callejera se encuentra ‘Copperdale’, una casa que a simple vista parece otra más, pero que en realidad es el hogar de muchos jóvenes que no tienen ningún recurso y desean dejar la delincuencia.

Anne y Terry Panks son una pareja de ancianos que en 1980 decidió abrir las puertas de su casa a los jóvenes conflictivos. Por allí, han pasado más de mil chicos necesitados y ahora, son ellos los que han querido agradecerles el cariño y la confianza que han recibido durante su estancia en ‘Copperdale’.

Para celebrar su espíritu humanitario, decenas de personas organizaron una fiesta sorpresa para homenajear a Terry, que ahora tiene 76 años, y Anne, de 74, y reconocer así sus 36 años de servicio.

“¡Fue una fiesta sorpresa increíble! Me parecía imposible que tantas personas que hemos cuidado estuvieran allí. Había gente a la que hacía mucho tiempo que no veíamos”, cuenta emocionada Anne al diario The Sun.

Ante las palabras de agradecimiento que recibió la anciana señaló, restándose importancia que “nosotros siempre lo hemos hecho lo mejor que hemos podido”. Terry añade que, “aunque el camino no siempre ha sido fácil, todos los chicos que vengan a buscarnos recibirán nuestra ayuda para hacer que sigan el camino correcto”.

Sin embargo, el reconocimiento no sólo lo han recibido por parte de los adolescentes conflictivos a los que han ayudado, sino que en 2012 la pareja recibió el premio “Orgullo de Gran Bretaña”.

Anne recuerda con cariño el momento en el que recibieron este galardón y aunque afirma que este premio es un gran logro, su principal objetivo seguía siendo proporcionar a los jóvenes más vulnerables un lugar donde refugiarse. Y así sigue siendo.

“El mayor logro que tenemos es toda la gente que llamó a nuestra puerta y ahora tiene una calidad de vida brillante”, afirma la anciana. Y es que muchas de estas personas siguen manteniendo el contacto con la pareja y les informan de que han logrado sacarse una carrera universitaria o han abierto su propio negocio.

En lugar de jubilarse, los dos ancianos decidieron dedicar su vida al cuidado de los adolescentes conflictivos de su barrio, jóvenes que “habían sido criados en casas de acogida y rechazados por su propia familia”, explica Anne a Daily Mail.

Por esta razón, en lugar de crear una casa de acogida, su vivienda es más parecida a un albergue, ya que la edad legal para vivir en régimen de acogida es de 18 años y muchos de los jóvenes que empezaron a hospedarse en ‘Copperdale’ se quedaban allí más tiempo. “Muchos de ellos no estaban listos para salir al mundo real y necesitan desesperadamente un lugar en el que quedarse”, cuenta Anne.

La vivienda comenzó teniendo cinco dormitorios pero después ampliaron a diez habitaciones, además de tres baños y la sala de estar de Terry y Anne. Ella considera que el ambiente es más importante que el propio espacio y por eso se esfuerza en que su casa sea muy acogedora: “Nada se estropea porque los chicos se sienten como en su propia casa”, y añade que “se trata de tener respeto hacia uno mismo y hacia quienes te rodean”.

La pareja proporciona a los jóvenes una rutina doméstica y aunque son conscientes de que la mayoría de ellos se encuentran en libertad condicional o provienen de los servicios sociales, no dudan en imponer unas normas de convivencia e incluso hacer controles en sus habitaciones para asegurarse de que los chicos no continúan robando en la calle.

De hecho, Anne cuenta que una vez dejó su anillo de compromiso y de boda en el lavabo y que nunca más volvió a verlo. Después descubrió que uno de los chicos lo había vendido para comprar drogas, y aunque “siempre tiene un ojo” puesto sobre su bolso, afirma que “hay que darles confianza porque sino nunca aprenderán lo que es sentirse digno de confianza”.

A pesar de todo, no todos los jóvenes han conseguido salir adelante: “A Terry le atacó uno de los chicos con un bate de béisbol y otro acabó en la cárcel tras un apuñalamiento durante una pelea. Aunque son casos muy raros”, recuerda Anne.

La anciana explica que los chicos que han pasado por su casa son como los cactus: “Por fueras sus hojas pinchan, pero con el tiempo, empiezan a florecer. Es lo mismo con nuestros chicos. Son espinosos, pero después, se convierten en algo maravilloso”.

Por Joana Ortiz Fernández

Fuente: ACTUALL

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