La primera vez que me emborraché fue algo bastante vergonzoso. Tenía 17 años y me faltaba un hervor, iba por ahí besando a extraños y cogiendo los vasos de los demás para terminarme los restos de cerveza. En el metro de vuelta a casa por la mañana me sentía fantástica, como nueva. Mi comportamiento ridículo y patético se transformó en una especie de éxito. Aquello sí que fue una fiesta.

Una década y media más tarde, empecé a leer sobre otras personas que tuvieron la misma sensación: como que se enamoraban, pero también que eran amadas, una sensación de bienestar, como si volaran. Otros me respondieron que su experiencia con su primera noche caótica de borrachera fue la de ¿Por qué no he conocido antes esta sensación?

Resulta que, como yo, la mayoría de esas personas son alcohólicas. La escritora estadounidense Caroline Knapp tituló a la autobiografía de su recuperación Drinking: A Love Story [Alcohol: una historia de amor], y lo más importante que aprendí de su libro fue que si tienes una relación con el alcohol… es posible que tengas un problema con el alcohol.

Nadie me avisó de eso cuando tenía 17 años. He aquí otras cosas que tampoco me advirtieron.

Presta atención a quién es tu modelo de consumo ─y de abuso, sobre todo─ de alcohol

Yo tuve la suerte de disponer de muchos modelos de un consumo fructífero y alegre del alcohol. No hay casos de adicción en mi familia, así que mis primeras imágenes del alcoholismo venían de los libros. Me encantaba el personaje de Grantaire de Los miserables, el despreocupado borracho que termina sacando su lado más noble y heroico en el último minuto. (En la vida real se habría quedado dormido.

Resulta que es mucho más difícil dar la talla cuando te has estado entrenando para la perdición). También me encantaba un libro en el que el protagonista, tras delatar a su reina a sus enemigos, se entrega a una horrorosa y degradante borrachera. Mi conclusión de esta historia era Mmm… Supongo que será una forma que tiene la gente de expresar su culpabilidad.

Puede que estés revelando más de lo que crees de tu vida interior

Quizás más de lo que te hayas percatado. En El valor del miedo, Gavin De Becker señala la frecuencia con que la gente recurre a las bromas para disfrazar amenazas reales o para probar auténticos deseos. Obviamente, no todo el que bromea sobre ser un alcohólico lo es en realidad. Pero si bromeas *mucho*, quizás quieras recapacitar sobre la percepción que tienes de tu persona.

Actuamos como el tipo de persona que queremos ser. Es una de las razones por las que la Iglesia canoniza a los santos: son ejemplos que otros emulan y que, a veces, se hacen santos por el camino.

Es uno de los motivos por los que agradezco que mi interés por las historias de adicción terminara por dirigirme también hacia un interés por la recuperación. Si lees suficientes libros o ves bastantes películas sobre la larga escalada hasta la paz, empezarás a encontrar imágenes que se hacen eco en tu interior. Tu imaginación se ampliará. Esto es algo especialmente importante en la recuperación (al margen de lo que signifique esta palabra para ti), dado que hay muchísima gente que insiste en que únicamente hay un camino válido. Es posible que necesites de esas historias de personas que descubrieron otros caminos o se forjaron el suyo propio.

Pregúntate una cosa: si fueras a cambiar tus hábitos de consumo de alcohol (o de lo que sea), ¿qué intentarías? ¿Dónde encontrarías modelos dignos de tu admiración? Si muestras interés por las partes más aterradoras y humillantes de tu propia vida, si les prestas atención en vez de vivir negando que existen, si investigas sobre las historias de otras personas que de alguna forma son similares a ti, terminarás por encontrar tu orientación.

Sé consciente de lo que te aporta el alcohol… y también de si empieza a arrebatarte cosas

Richard Klein escribió Los cigarrillos son sublimes, un estudio sobre el tabaco en el arte y la cultura, en parte para poder entender su propia adicción; y mientras escribía el libro, consiguió eliminar su adicción. Los cigarrillos es la irónica despedida del autor a la sublimidad que terminaría matándolo si se lo permitía.

De la misma forma, identificar todo lo que me aportaba el alcohol contribuyó a ayudarme a abandonar la bebida. Euforia, intimidad, amistad, audacia.

Al ponerles nombre me obligué a ser sincera sobre si el alcohol seguía aportándome estos dones. Tuve que admitir que todo lo que una vez consiguió ofrecerme la bebida, el alcoholismo me lo estaba arrebatando lenta y sigilosamente. La euforia se convierte en inconsciencia, la intimidad se convierte en mentira, la amistad se convierte en beber sola, la audacia se convierte en un miedo constante, persistente. Empiezas a perderte cosas, ya fuera porque caíste inconsciente (si no lo recuerdas, lo has perdido) o resacosa o porque ya no eres de fiar o, simplemente, porque estás triste.

Pregúntate para qué bebes y si, de verdad, consigues lo que pretendes

En concreto, pregúntate si alguna vez bebes para evitar una confrontación sincera de tus propios deseos —en relación al sexo, por ejemplo—.

Puedes preguntarte en qué otro lugar podrías encontrar la alegría o el alivio o la libertad que ahora te da el alcohol. Es posible que puedas encontrarlos de formas incluso más intensas. Yo empecé a tomarme más en serio la euforia de la oración en cuanto el éxtasis barato del vodka dejó de funcionar. Me di cuenta de que podía conseguir intimidad con mis amigos si era sincera con ellos; reemplacé el “líquido del valor” por una voluntad de aceptar la humillación, y resulta que eso se parece mucho a la valentía.

Puedes hacer cosas que “una persona como tú” nunca haría

Es una espada de doble filo y también la otra cara de la cuestión anterior sobre la autopercepción. Bajo la influencia del alcohol puedes decir y hacer cosas que una persona como tú —la imagen que tienes de ti mismo— nunca haría. Puedes suplicar el beso de alguien o pelearte con el dispensador de papel del servicio. (Y si mezclas alcohol con testosterona y deseo sexual tendrás suerte de ser el único a quien causes daño). Yo una vez solté comentarios racistas. No es algo frecuente, pero una vez ya son demasiadas veces.

Pero esto también significa que puedes hacer cosas que “una persona como tú” nunca haría, como conseguir estar sobrio. No creo que todo el mundo que pase por una etapa de consumo descontrolado de alcohol tenga que dejarlo radicalmente —muchas personas simplemente lo van dejando poco a poco—, pero si tienes que hacerlo, en realidad no importa si no crees que puedas. Las personas hacen cosas que creen que son imposibles constantemente.

Fuente: ALETEIA

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