¡Qué alegría nos da cuando la empresa en la que laboramos nos permite tener horario flexible para trabajar desde la casa! Sin embargo, al menos que sepamos manejar bien estos privilegios, la tan valorada flexibilidad se puede convertir en una causa de estrés muy grande.

¿Por qué? Porque la tecnología, si bien tiene muchas ventajas, mal utilizada permite que el trabajo invada la vida personal y que no nos desconectemos nunca… ni siquiera durante los fines de semana ni en las vacaciones. Esta conexión 24/7 es una de las principales causantes del estrés del que se sufre cuando hablamos de conciliar trabajo y vida personal, manifestándose en una insatisfacción generalizada que no se logra identificar ya que vivimos con los ámbitos esenciales de nuestra vida constantemente superpuestos.

Los networked workers

Este es uno de los nombres que reciben los empleados que trabajan en distintos espacios físicos pero siempre conectados a sus laptops, tablets y smartphones. Si bien verlos puede generar una especie de envidia, no debería ser así. Algunos estudios recientes han revelado que gran parte de este grupo de trabajadores siente que al no poder (o saber) separar sus roles personales de los laborales, sufren de un creciente agotamiento así como de una actitud adictiva frente al trabajo. Además, el peso de lo que sus jefes y pares esperan de ellos, así como la obsesión por el desarrollo profesional, dificulta la conciliación de las esferas privadas y las laborales. Esto sucede porque normalmente la famosa “flexibilidad” implica “disponibilidad total”. Al menos, claro está, que los jefes respeten a rajatabla los horarios de oficina que rigen la organización tradicional.

Sin embargo, es muy complicado lograr este respeto tajante a los horarios ya que, normalmente, este tipo de políticas flexibles tiene como premisa el trabajo no por tiempo sino por objetivos. ¿Cómo, entonces, poner límites? ¿Cómo decirle a un jefe que nuestros objetivos establecidos, tan difíciles de medir en sus avances, están siendo cumplidos antes de las siete de la noche?

Por otro lado, no todo depende de la organización. Si bien la flexibilidad requiere un manejo hábil de parte del directivo, también se necesita que el empleado sea el responsable de establecer los límites reales entre su vida laboral y personal. Además, debe ser capaz de concentrarse en una sola cosa. ¿Es posible responder eficientemente un correo mientras le damos de comer a un niño y chateamos por WhatsApp? Es normal que ante estas situaciones no sepamos qué atender o lo hagamos todo mal o a medias.

Entonces, ¿es buena o no la flexibilidad?

La respuesta es: depende. Y esto es porque cuando una empresa decide implantar una política o un programa nuevo, debe preguntarse no solo el “qué” sino también el “para qué” y el “cómo”. Por ejemplo, si se adopta la flexibilidad de horarios, deben existir líneas claras y bien comunicadas de cómo se realizará el trabajo en equipo, los deadlines y las políticas sobre el uso de la tecnología. Para esto la actitud del directivo es fundamental ya que es él quien no sólo debe dirigir al equipo sino también recordarle cuál es el objetivo de las políticas implantadas. La consecución de dicho objetivo no debe llevar, bajo ninguna circunstancia, al desequilibrio personal del empleado.

Para lograr esta síntesis la cultura empresarial debe alinear sus hábitos a las nuevas formas de trabajo. Por ejemplo, en una compañía que tiene una cultura de largas jornadas de trabajo, será más fácil caer en los errores de la flexibilidad porque no se respetarán los límites que deben existir para no estresar a los colaboradores.

Finalmente, más allá de si se establece una política o no, los directivos que lideran una empresa deben tener claro que lo que necesitan los empleados son herramientas que los ayuden a planificar exitosamente su vida personal, laboral y familiar. Así, deben no sólo facilitar las medidas que ayuden a lograr este equilibrio sino también velar porque el colaborador desarrolle esas competencias necesarias para lograr gestionar el tiempo de manera eficiente y saludable.

Fuente: La Mamá Oca

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