En el aspecto histórico-social, la idea que se tenía de la mujer como aquella que solo está en el hogar, inmersa en las tareas domésticas y el cuidado de los hijos; tiene un giro en cuanto a la participación femenina durante la Segunda Guerra Mundial.

La mujer empieza a ejercer un papel importante, si bien no muy reconocido del todo, pero sus efectos se vieron palpables en la sociedad de entonces. La mujer participó  directamente en la guerra, como enfermeras y apoyo a militares, trabajó en la industria de la guerra, en la construcción de navíos, armamento etc.  Por otro lado la situación que se vivió, hizo que muchos hombres dejaran sus hogares, sus trabajos y migraran a los campos de batalla.

Las ciudades debían seguir su curso para protegerse a sí mismas y sobrevivir. ¿Quién ocupo los espacios destinados para los caballeros?, ¿Quién cuido de los menores y llevo las tareas del hogar? Es cuando la mujer toma un papel activo; con su trabajo cubre tareas destinados para el hombre, es capaz de llevar el alimento al hogar. Se organiza y distribuye su tiempo para estar al tanto de la educación de los hijos.

Viéndolo del punto de vista histórico, la mujer apoyó a la sociedad de su tiempo. Paso la guerra y sus efectos, y la mujer volvió a la normalidad. No se reconoció la influencia e importancia que ha tenido, pero lo que con certeza se sabe: “la mujer dejó huella”.

Haciendo un breve análisis del papel de la mujer, se puede observar que en varias culturas no se le ha valorado, por el lado contrario hacía 1870, en Europa se busca reivindicar a la mujer, y empieza a ser reconocida; obtiene el derecho al voto entre otros. Más tarde en América se inicia un movimiento radical: “La liberación femenina”.

Sin embargo se ha tomado en mala medida y esta liberación ha ejercido un efecto contrario en la mujer, ejemplo de ello en algunos casos, la desvalorización de sí misma. Queriendo rescatar y reconocer su importancia, es bien sabido que ella no solo es capaz de ejercer su maternaje, sino que puede realizar otras funciones.

Es ella quien puede llevar en su vientre a un nuevo ser, es ella quien tiene la aptitud, cualidad para entender a ese pequeñito, que cuando lo tiene en sus brazos, sabe en qué momento necesita el alimento, la caricia, el arrullo. Esa mujer que históricamente no ha sido reconocida, que ha desafiado las barreras políticas y sociales. Esa mujer que ha trascendido en los puestos públicos, en la industria, en las más altas esferas políticas, esa mujer que ha escalado escaños  y ha llegado a ser no solo primera Dama, sino la mandataria de un país. Es ella quien influye en una sociedad.

Pero esa mujer de la que se viene hablando, que vive una vida común y ordinaria, que en estos tiempos tiene la necesidad de trabajar para contribuir junto con su esposo a los gastos del hogar, esa mujer que aprovecha cada minuto, cada segundo, que ama, que se ama a sí misma, que valora a sus hijos, que se respeta, que percibe y comprende cuando el hijo esta triste, esta alegre.

Esa mujer que alienta al éxito, que con sus palabras corrige, transmite paz, amor. Es a esa mujer valiente que incluso en casos extremos, se olvida de sí misma para engendrar y generar amor, a quien hoy le debemos loas, aclamamos con aplausos y nos volvemos a su regazo maternal en el dolor, la nostalgia. Porque ella es la fuerza, el pilar, el sostén de la familia.

Ella la madre, la esposa, la maestra, la amiga; es quien tiene a su cargo lo más noble: esas pequeñas vidas indefensas, para criarlas, formarlas y hacer de ellas hombres y mujeres de bien. Es esa mujer la que día a día contribuye con su granito de arena para el futuro de la sociedad.

Haciendo hincapié en aquella frase de un gran hombre, que buscó la manera de rescatar a la mujer que por diversas circunstancias se hallaba perdida. El Siervo de Dios Mons. Eugenio Oláez Anda[1]: “La sociedad será lo que sea la mujer”.

¿Qué sociedad se tiene en la actualidad?, ¿Cómo se está educando desde la familia?, ¿En manos de quién se deja la formación de los hijos? La influencia de la mujer es grande, ella posee las cualidades, dotes y aptitudes para contribuir a una sociedad mejor. Ella sabe bien que no está sola en esta empresa, que tiene a su lado aquel hombre, que al igual que ella posee cualidades, dones y aptitudes, ella reconoce que ambos son un complemento para llevar acabo la delicada tarea que les ha sido confiada.

En caso de que ella, la madre; se encuentre sola y haga las veces de padre, está convencida de que de ella depende el bienestar de sus hijos y la estabilidad del hogar. Y aún en estas circunstancias sabe cómo actuar, enfrenta las contrariedades, busca y lucha por sacar adelante a los hijos. Es entonces que con su esfuerzo esa pequeña sociedad familiar, genera un bienestar social. Por tanto, la sociedad depende en gran medida de una mujer.

 

Emma Monjaraz Anguiano

 

 

[1] Pequeñas Conferencias, Eugenio Oláez Anda

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