En el año 2000, las hermanas de la Preciosa Sangre y su rama masculina, los sacerdotes misioneros de la Preciosa Sangre, se reunieron para hablar sobre sus muchos años de servicio en las cárceles, en parroquias y ayudando en la ciudad de Chicago. Todos estaban de acuerdo en una cosa: en la ciudad faltaba reconciliación. No era algo “teórico”: era la clave para ayudar a muchos chicos a evitar la cárcel y el crimen.

Los servicios que llevaban a cabo eran importantes, pero estaba claro que se necesitaba un ministerio específico dedicado a la curación y la reconciliación. Por ello, en 2002, nació el ministerio de la Reconciliación de la Preciosa Sangre (pbmr.org), en Chicago, en un lugar llamado Back of the Yards (Patios Traseros).

Un oasis en medio del infierno
Este ministerio trabaja con los jóvenes para ayudarles a rendir mejor en las escuelas, encontrar trabajos, aprender a expresarse mejor y romper el circuito de “escuela y después cárcel”, tan habitual entre los jóvenes de barrios conflictivos.

La orden también ayuda a las familias de forma personalizada, apoyando a las madres y ayudándolas a encontrar trabajo.

Son 25 los voluntarios que van varias veces a la semana al correccional de menores de Cook County para organizar programas artísticos y galerías.

Una de las religiosas que acude a este centro regularmente es Donna Liette, que lleva ocho años realizando actividades para los presos. Según su experiencia, y tras reunirse con el resto de su orden, el problema que ella veía más importante entre estos menores era la reconciliación con sus madres, según ha explicado a GlobalSistersReport.

La importancia de la reconciliación madre hijo
“Ellos siempre me dicen que ojalá hubieran hecho caso a sus madres o que están preocupados por ellas”, comentó Liette. “Algunos incluso me piden que les diga que lo sienten mucho”.

Al ver esta situación, Liette tomó una decisión. “A partir de entonces comencé a dirigir círculos de reconciliación semanalmente con las madres. Al principio solo venían madres cuyos hijos habían sido encarcelados. Muchas venían con sentimientos de vergüenza, culpa e incluso soledad”.

“Cuando asesinan a tu hijo es muy duro, pero todo el mundo te apoya y se pone de tu parte. Sin embargo, cuando tu hijo es el asesino, la cosa cambia, ¿cómo superar algo así?”, explicó Liette. Tras varias sesiones, Liette empezó a incorporar a madres cuyos hijos habían muerto en las calles. Aunque según Liette su incorporación fue difícil, al final llegaron a comprender a las madres cuyos hijos habían matado a alguien.

Las madres que habían perdido un hijo aprendieron a escuchar a las otras, que hablaban sobre lo duro de conducir seis horas cada semana para ver a sus hijos solo dos. “Veo que tú también has perdido un hijo”, llegó a decir una de ellas. “Escuchar, esa es la palabra clave”, explicó Liette. “Jamás podrá haber reconciliación si la gente no se sienta y escucha al otro”.

“Aunque primero hay que reconciliarse con uno mismo”, dijo Liette. “Intentamos darles una oportunidad a través del arte y la poesía, porque a veces es difícil sobrellevar los traumas del pasado, y mucho más expresarlos”.

Un primer contacto difícil
El remanso de paz que forma el ministerio de la Reconciliación en medio de los barrios bajos de Chicago contrasta con la realidad del exterior. Las peleas de bandas producen tiroteos constantes. Es difícil que los recién llegados se abran.

“Algunos vienen de una situación familiar dura o del mundo de las drogas. Otros incluso llegan justo después de haber recibido un disparo. Es normal que al principio sean ásperos, no están preparados para abrirse”, contó Liette. “Se sienten atrapados en el barrio porque no pueden caminar a otras calles. Si lo hacen, podrían recibir represalias de bandas rivales”.

La hermana trata a estos chicos acercándose a ellos, preguntándoles por sus problemas concretos. “Las necesidades que traen encajan perfectamente con el carisma de la Preciosa Sangre: les sanamos a través de la espiritualidad y la cultura del encuentro”.

El ministerio está reformando ya una vivienda para utilizarla como refugio de emergencia para familias en peligro. El objetivo es que funcione como segunda casa y guardería.

Poli Sanchiz

Publicado originalmente en Religión en libertad

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