Corazón de Jesús, Casa de Dios y Puerta del Cielo
Segundo Día
MONICIÓN

“Yo soy la puerta del aprisco, por donde entran las ovejas y el pastor.  Quien entra por mí, se salva y halla pastos.  Quien no entra por mí, es un lobo y un ladrón”.  El Corazón de Jesús nos introduce no solamente con Dios, para gozar de El, sino también con los hombres, para hacerles bien de verdad; es pues, doblemente puerta del cielo.

CANTO DE ENTRADA

POR  MONTES Y BREÑAS,

TE  BUSCA MI AMOR;

YO SOY TU OVEJUELA

Y TÚ MI PASTOR.

A Ti vengo aspeada,

llena de dolor;

hambrienta y sedienta,

de ti y de tu amor.

PRIMERA LECTURA (Ez 34, 11-16)

Esto dice el Señor Dios: “Yo mismo iré a buscar a mis ovejas y velaré por ellas.  Así como un pastor vela por su rebaño cuando las ovejas se encuentran dispersas, así velaré yo por mis ovejas e iré por ellas a todos los lugares por donde se dispersaron un día de niebla y de oscuridad.

Las sacaré de en medio de los pueblos, las congregaré de entre las naciones, las traeré a su tierra  y las apacentaré por los montes de Israel, por las cañadas y por los poblados del país.  Las apacentaré en pastizales escogidos, y en lo alto de los montes de Israel tendrán su aprisco; allí reposarán en buenos prados, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel

Yo mismo apacentaré a mis ovejas; yo mismo las haré reposar, dice el Señor Dios.

Buscaré a la oveja perdida y haré volver a la descarriada; curaré a la herida, robusteceré a la débil, y a la que está gorda y fuerte, la cuidaré.  Yo las apacentaré en la justicia”.  Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL (Sal. 22)

R/. El Señor es mi pastor, nada me faltará.

El Señor es mi pastor, nada  me falta;

en verdes praderas me hace reposar

y hacia fuentes tranquilas me conduce

para reparar mis fuerzas. R/.

Por ser un Dios fiel a sus promesas,

me guía por sendero recto;

así aunque camine por

cañadas oscuras,

nada temo, porque tú estás conmigo

Tu vara y tu cayado me dan

seguridad. R/.

Tú mismo me preparas la mesa,

a despecho de mis adversarios;

me unges la cabeza con perfume

y llenas mi copa hasta los bordes. R/.

Tu bondad y tu misericordia

me acompañarán

todos los días de mi vida;

Y viviré en la casa del Señor

por años sin término. R/.

SANTO EVANGELIO (Lc. 15, 3-7)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y a los escribas esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla?  Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y le dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’.

Yo  les aseguro  que  también en el cielo habrá más alegría  por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse”.  Palabra del Señor.

Momentos de silencio para reflexionar.

PRECES

Demos gracias a Cristo, el Buen Pastor que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle diciendo:

R./ Concede a nuestras religiosas un amor ardiente y un gran celo apostólico.

  1. Buen Pastor que amas a la Iglesia y le das alimento y calor, R/.
  2. Pastor supremo, que después de tu resurrección encomendaste a Pedro, al confesarte su amor, el cuidado de tus ovejas, R/.
  3. Buen Pastor, que resucitando de entre los muertos has abierto a los hombres las puertas de la salvación, R/.
  4. Pastor y guardián de nuestras vidas, que nos acogiste cuando éramos ovejas descarriadas, R/.
  5. Señor Jesucristo, que velas con solicitud por las ovejas que rescataste con tu Sangre preciosa, R/.
  6. Pastor eterno que velas  siempre con amor por  tu pueblo, R/.
  7. Buen Pastor que amas a la Iglesia y le das alimento y calor, R/.
  8. Cristo Pastor, protector y ayuda de tu pueblo, R/.

Concluyamos nuestras súplicas, con la oración que el mismo Cristo nos enseñó. Padre nuestro…

ORACIÓN FINAL

Dios omnipotente y misericordioso, guíanos a la felicidad eterna de tu Reino, a fin de que el pequeño rebaño de tu Hijo pueda llegar seguro a donde ya está su Pastor resucitado.   El cual vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

CANTO FINAL: LA OVEJUELA  (Soneto.)

¿Por qué así, mi ovejuela  te  intimidas

y balas al mirar que te he abrazado?

No te vengo a golpear con mi cayado;

sólo vengo a curarte las heridas.

¿Por qué quiere huir? ¿Es que te olvidas

de la muerte de cruz que me has costado?

¿Dudas que te ame quien por ti ha dejado

noventa y nueve ovejas muy queridas?

Vamos pues al redil, allí en contento

verás  cambiarse tus profundas penas.

Dime, ¿qué quieres para tu sustento?

¿pasto muy grato y aguas muy serenas?

Pues te daré mi carne en alimento

y en bebida la sangre de mis venas.

Mons. Eugenio Oláez

 

Instituto Hijas del Sagrado Corazón de Jesús

 

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