mujer Permítanme plantearles que nosotras, las mujeres modernas, hemos cometido un grave error. Verán, hemos llegado a tomar como verdaderas algunas de las ramificaciones negativas del movimiento feminista.

mujer Pensamos que, si una mujer quiere ser respetada por los hombres, debería mostrar su fortaleza. Debería competir con ellos en la corte, en la oficina y en el hogar. Ponerlos “en su lugar” y asegurarse de que nadie se atreva a pensar que ella es el “sexo débil”, sino más bien igual a los hombres en todos los aspectos.

Pero, ¿qué tal si estamos equivocadas? ¿Qué pasa si, en realidad, todavía hay algo que aprender del estilo “antiguo” de una relación entre un hombre y una mujer?

Tomemos la siguiente historia como ejemplo: La otra noche un amigo invitó a una muchacha, a quien él había estado esperando conocer mejor hace algún tiempo, a una cita. La recogió y, emocionado por comenzar su tiempo juntos, la condujo a su auto y le abrió la puerta del pasajero. En lugar de que ella le respondiera con un simple: “gracias”, esta joven mujer se detuvo en seco y exclamó: “¡No necesito que hagas eso por mí!”. Él, sorprendido, se alejó y continuó con la cita, sabiendo que no habría una segunda.

Más tarde, esa misma semana, él estuvo conversando con mi novio sobre la confusión que tuvo en ese momento, y ambos estaban de acuerdo (al igual que otros hombres a quienes antes, estoy segura, les han dicho algo igual de impactante) que esta lógica que han adoptado muchas mujeres hoy en día no tiene sentido.

Probemos volteando el escenario. Un hombre y una mujer salen en una cita y el hombre se acerca a su puerta y se queda allí, esperando que la mujer le abra. En esa situación, ¿no diríamos rápidamente que el hombre está tratando a la mujer como una sirvienta? Entonces, ¿cómo podemos decir que cuando un hombre hace lo mismo no está sirviendo a la mujer, sino que la está tratando como a una persona “inferior” (menos aún que como una sirvienta)?

Los hombres tienen profundamente en sus corazones el deseo de servir y proteger. Ésta es una de las razones por las que carreras como el ejército y la policía están llenas de ellos. Además, como vemos en muchas obras tanto de la literatura clásica como de las películas de Hollywood, suele haber una mujer —sea madre, hermana, amiga o esposa— en la vida de cada hombre que es su inspiración para llevar a cabo esas heroicas tareas.

Seguramente luchar contra un dragón o atacar en una batalla pueden ser ejemplos extremos, pero otras acciones como abrir la puerta, ofrecer la mano, caminar en la vereda por el lado por donde circulan los autos, trabajar duro para proporcionar un hogar y una vida digna a su familia, llevarle flores a una mujer que le recuerdan su belleza, y otros actos caballerosos, son todas tareas que están al alcance del hombre moderno si él decide hacerlas. Llámenme loca, pero ninguna de esas acciones suena como algo que un “amo” haría por su “sirviente”.

El movimiento feminista tenía definitivamente razón en defender la igualdad en algunos aspectos, pero en otros hizo que la igualdad signifique masculinidad.

Así que aquí está mi desafío para todas las mujeres: La próxima vez que un chico te compre flores o trate de abrirte la puerta o se ofrezca a pagar por ti… ¡déjalo! Simplemente está buscando una oportunidad para mostrarte que le gustas a través de un acto de servicio. Nosotras, como mujeres en la sociedad, no podemos enseñarles a los hombres a dejar de actuar como caballeros con nosotras y castigarlos por no serlo más adelante (cuando nos damos cuenta de que así es como nuestros corazones realmente desean ser tratados por ellos).

Kaylin Koslosky

Fuente: http://www.restoreyourcrown.com/just-let-him-open-the-door/

Traducido por: Beatriz Ramos

Publicado originalmente por La opción V

Comparte:

About Author

Comments are closed.