El aborto directamente procurado jamás es una alternativa lícita para una madre, ni siquiera en riesgo para su vida. Caso distinto es recibir un tratamiento necesario para salvar a la madre, que tenga como resultado indirecto, previsto pero no deseado ni buscado, la muerte del feto, como sucede en el caso de mujeres a las que se diagnostica un cáncer: pueden legítimamente someterse a quimioterapia o radioterapia potencialmente mortales para su hijo.

Muchas, sin embargo, no lo hacen, y lanzan un mensaje al mundo que Benedetta Frigerio ha querido recoger en La Nuova Bussola Quotidiana recordando nueve de esos casos que han saltado a la opinión pública en los últimos años, enmarcados entre una santa, Gianna Beretta Molla, y quien tal vez lo sea pronto: Chiara Corbella Petrillo.

Gianna Beretta Molla (1922-1962), beatificada en 1994 y canonizada en 2004.

Chinas, europeas, cristianas. No son santas como Gianna Beretta Molla, pero son decenas las mujeres normales que han aparecido en los periódicos en los últimos años por haber elegido sacrificar su salud, con el riesgo de perder la vida, con el fin de proteger y alumbrar a sus hijos. En su mayoría son enfermas de cáncer que han rechazado la quimioterapia. Algunas han fallecido tras el nacimiento de sus hijos; otras han sobrevivido gracias al tratamiento recibido después del parto. En cualquier caso, todas han demostrado, consciente o inconscientemente, que el amor materno está llamado a amar hasta sacrificarse por el bien del hijo. Aquí no tiene nada que ver la fe cristiana (que, en todo caso, ilumina y sostiene al hombre en lo que es verdad), porque estas mujeres demuestran que ésta es la verdadera naturaleza de la mujer y la sublimidad de cada ser humano, que lleva escrito dentro de sí la verdad.

“Impensable hacer nada que pueda dañar a mi hijo”
La última que ha sacrificado su vida es Tasha Trafford, madre inglesa diagnosticada en 2012 de un cáncer de huesos poco común, del que se había curado. Sin embargo, el tumor volvió en 2015, cuando Tasha estaba embarazada. Los médicos le dijeron que abortara de inmediato cuando estaba en la decimosexta semana de embarazo, pero la mujer, de 33 años, se negó y once meses después del parto falleció.


Tasha Trafford sobrevivió once meses a su hijo: jamás el pequeño recibirá tanto amor como en ese tiempo. Foto: WalesOnLine.

La familia de Tasha ha declarado que el pequeño está muy bien gracias al sacrificio de su madre, que explicó que “vivir una vida sin saber lo que significa la alegría de ser madre hace que el aborto no sea una opción”. Que es como decir que la vida está hecha para ser dada y que para alcanzar este fin vale la pena incluso morir. “Y aunque sé que rechazar la quimioterapia hasta el momento del parto es un riesgo grave, es impensable para mí hacer nada que pueda dañar a mi hijo“, añadió. Pero, ¿cómo no ocuparse del drama de un niño que crecerá sin madre? “Sé que no podrá ser más amado que así“. Efectivamente. El pequeño crecerá sabiendo que tuvo una madre que con tal de que viviera y creciera estuvo dispuesta a morir. A morir por él. Así, dijo Tasha, “aunque yo no esté, una parte de Jon [el marido]y de mí vivirá en nuestro hijo”.

“Imposible sacrificar su vida para salvar la mía”
Antes de Tasha, otra mujer inglesa, Jo Powel, descubrió en 2010, estando embarazada, que tenía un cáncer. Dos años después contaba así su primera reacción: “Cuando oí la palabra cáncer mi primer pensamiento fue: perderé a mi hijo”.


Jo arriesgó… y consiguió vencer al cáncer una vez nació el pequeño Jake. Foto: Caters News Agency. MailOnline.

Jo, que deseaba tener un hijo desde hacía tiempo, ha explicado que “era imposible para mí sacrificar su vida para salvar la mía. Y sabía que aunque el riesgo era que yo muriera, lo habría hecho para generar otra vida”. Afortunadamente, el tratamiento que recibió después del parto la salvó.

“Nos volveremos a ver en el paraíso”
Carrie DeKleyn, en cambio, nunca tuvo miedo de morir, pero sí de perder a su hijo. Por esto, en 2011, rechazó el tratamiento contra un tumor, el glioblastoma, muy agresivo y que afecta al cerebro. La mujer, residente en Michigan y madre de cinco hijos, tras haber alumbrado acabó en “estado de conciencia mínima” (erróneamente llamado “estado vegetativo”). Obviamente, en cuanto descubrieron el tumor los médicos, en lugar de ayudarla, le propusieron el homicidio de su hijo, que ella rechazó.


Hace semanas que Carrie no ha recuperado la conciencia, en un lento camino hacia la muerte. La salud de su hijo es “excelente”, dice Nick. Foto: People.

No solo: también rechazó someterse a quimioterapia. El marido, Nick DeKlyen, ha contado que los médicos le dijeron: “Si no abortas, Carrie, morirás”. Pero ella dijo: “Sigamos adelante”. El marido, creyente, ha dicho que se sintió triste pero lleno de esperanza porque “ella sabe que esta vida es muy breve y que nos volveremos a ver en el paraíso“. Carrie, madre afectuosa, recibe ahora los cuidados de su familia: “Siempre le digo que estoy a su lado y que no la abandonaré nunca”, ha explicado el marido, añadiendo que estaba “orgulloso de ella” y demostrando qué significa amar de verdad.

Una estrella de la televisión sin narcisismo alguno
En 2014, Qiu Yuanyan, estrella del espectáculo en China, tras haber descubierto que tenía un tumor, rechazó el tratamiento para no arriesgar y comprometer la vida, e incluso la salud, del hijo que llevaba en su vientre. Tras el parto empezó el tratamiento, pero no consiguió salvarse. Cien días después Yuanyan fallecía.


Qiu fue una presentadora de televisión de éxito, pero encontró algo más importante que eso: el  hijo que llevaba dentro. Foto: MailOnline.

Sus fans hablaron de un ejemplo “contrario al narcisismo” moderno y de “verdadero espíritu de sacrificio“.

Ella fue “el paraíso en la tierra” para los suyos
Los médicos le dijeron a Kathy Taylor que tenía un cáncer después de quedarse embarazada de su sexto hijo. También ella rechazó el tratamiento antes del parto, a pesar de que el tumor ponía en peligro también la vida del pequeño, que murió dos semanas después de nacer prematuro.


Kathy se reunió pronto con el hijo al que quiso ver nacer. Foto: MailOnline.

La mujer había intentando llevar el embarazado hasta el final, a pesar de que los riesgos aumentaban a medida que avanzaba el tiempo; pero cuando el hígado empezó a fallar tuvo que someterse obligatoriamente a una cesárea. Tras el parto, en 2015, el pequeño murió a causa de una infección.

Conmueven las imágenes de la madre, una bellísima mujer de 34 años, con el hijo en el regazo, y las palabras en el blog de su marido (Kathy’s Miracle) que explican que ha muerto como ha vivido “entregándose a sí misma” y “amando sin egoísmo: su extrema devoción hacia mí y su alegría infinita por sus hijos eran, para mí, el paraíso en la tierra“.

“Mi instinto materno ya estaba allí”
En 2015, Holley Tierney, profesora de danza de 25 años, estaba embarazada de gemelos desde hacía casi seis meses cuando descubrió que tenía un tumor. También en este caso los médicos le propusieron el aborto. Pero también en este caso la mujer decidió correr el riesgo de morir con tal de proteger a sus hijos: “Era imposible para mí abortar… mi instinto materno ya estaba allí, presente“.


Holley Tierney ha sobrevivido y han sobrevivido sus hijos porque ella no quiso ni abortarlos ni precipitar su nacimiento. Foto: Caters News Agency. MailOnline.

A pesar de todo, cuando los médicos comprendieron que Holley no quería abortar, intentaron convencerla de que había que provocar el parto mucho antes de salir de cuentas. Pero Holley se opuso también a esto, y pidió llegar por lo menos a la trigésima semana de embarazo. Y mientras su salud empeoraba, los pequeños crecían fuertes. En el parto, Holley era pura alegría: “Ha sido el día más feliz de mi vida… ha sido un riesgo que ha valido la pena sobre todas las cosas, porque lo único que me interesa es su salud”. A pesar del espantoso cuadro que le pintaron los médicos, que querían convencerla a un parto prematuro, Holley, cuando vio a sus hijos, pensó que a pesar de que había sido “duro, sabía que tenía que ser fuerte por mis hijos”. Los cinco ciclos de quimioterapia fueron físicamente agotadores.

“Él me dio una oportunidad y tengo que devolvérsela”
En abril de 2016, una mujer de Nueva York, Kim Vaillancourt, dio a luz a un niño tras haberse negado a que le administraran la quimioterapia durante el embarazo. Diagnosticada de glioblastoma, Kim empezó el tratamiento después del parto. Todo ello a pesar de tener ya dos hijos naturales y tres adoptados.


Kim y su marido, rodeados de tres hermanas de ella y otros familiares. Foto: MailOnline.

Según la mujer, el niño estaba allí para ayudarla: “El pequeño me ha dado una posibilidad y yo tengo que dársela a él“, a pesar de que los médicos definieron su decisión “una carrera contra el tiempo”. Un año después Kim sigue en tratamiento, pero sus condiciones son estables.

“Es mi hija y quiero salvarle la vida”
Veintisiete años y un cáncer de ovarios descubierto cuando estaba en la decimosexta semana de embarazo. Pero la alemana Gemma Nuttall no tuvo dudas: empezaría el tratamiento después del parto. Dos años y nueve meses después el tumor volvió a aparecer en 2016, pero Gemma dijo: “No quería abortar. Ésta es mi hija y quería salvarle la vida”. Además, “ella ha salvado la mía porque, si no fuera así, no me hubiera hecho una ecografía”.


Gemma Nuttall ha padecido hasta cuatro cánceres distintos, pero antepuso su embarazo. Foto: MEN Syndication. MailOnline.

Gemma y su prometido estaban pensando en casarse antes de descubrir la enfermedad y empezar el tratamiento. Hace un año, aunque su vida aún corría peligro, dijo que “no me arrepiento de mi decisión. Mi hija lo es todo para mí. Y lo ha sido desde el momento en que me quedé embarazada“.

“Jamás hubiera eliminado a mis adorables hijos”
“Ha sido un alivio enorme saber que el tumor no se había extendido, pero en cuanto he digerido la noticia, mi preocupación han sido enseguida mis gemelos”. Así contó en mayo de este año Becky Anderson, de Portsmouth, su historia de madre embarazada y enferma de cáncer. Los médicos le dieron un ultimátum: abortar y empezar la quimioterapia, pero ella ha explicado: “El aborto no era una opción, nunca he pensado hacerlo: jamás hubiera eliminado a mis adorables hijos”.


Para Becky sus hijos son “una alegría absoluta”. Foto: News Group Newspapers Limited. The Sun.

Tras el parto Becky estaba agotada y agonizante pero “cuando me los pusieron en el pecho… lloraba por una mezcla de amor y asombro, por fin podía acunarlos”. Los niños tienen ya seis meses y Becky sigue en tratamiento, pero “no cambiaría mi decisión por nada en el mundo. Son una alegría absoluta y los amo muchísimo”.

Es la ley del corazón materno
Estas son sólo algunas entre muchas historias similares. Y, sin embargo, la mayoría de los médicos y del mundo se obstina en proponer la eliminación del otro como única posibilidad a la propia supervivencia y al propio bienestar, poniendo la vida del más fuerte por encima de la del niño y, sobre todo, violando la ley grabada en el corazón de cada madre. Una ley que dice lo opuesto: que la mujer está naturalmente hecha para dar la vida, para dar espacio a otro, para cuidarlo y pensar en sus hijos más que en ella misma. En esto está su verdadera satisfacción. Y, de hecho, se siente realmente realizada cuando sabe que ha contribuido a la salvación de su hijo. El mundo empuja individual y narcisistamente a hacer lo contrario, desnaturalizando a la mujer, que vive pensando que es libre pero que, en realidad, se siente eternamente insatisfecha. A pesar de todo, la verdad continúa y emerge con claridad gracias a innumerables ejemplos.


El 13 de junio de este año, cinco después de su muerte, se abrió el proceso de beatificacion de Chiara Corbella Petrillo.

Porque como dijo la Sierva de Dios Chiara Corbella (muerta a causa de un tumor que no trató durante su tercer embarazo) tras haber rechazado el aborto de su primogénita enferma, después nacida en el cielo a las pocas horas del parto, “el Señor introduce la verdad dentro de cada uno de nosotros y no hay posibilidad de tergiversación“.

Fuente: Religión en libertad

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