¿Por qué no fotografiarme desnudo? Porque degradas tu humanidad. Se está extendiendo la práctica por la cual algunos jóvenes se envían imágenes de contenido erótico o pornográfico, y, en ocasiones son ellos mismos los protagonistas. A esto se le llama sexting en Estados Unidos.

Hacer pública la intimidad corporal o personal es tanto como renunciar a ella. Conlleva un daño grave en la conciencia de la propia dignidad y, por tanto, una disminución de libertad. Al desnudarse se trivializa el misterio que esconde la persona, se ofrece a la curiosidad de los demás ese núcleo íntimo del que disponemos para entregarlo por amor.

En el fondo, hay quienes buscan, más que exhibir la intimidad, rebelarse, y la vulgaridad es la manera más rápida de hacerlo. La vulgaridad consiste en actuar sin fundamento, sin valorar, dando importancia sólo a lo superficial.

Remar contra la vulgaridad es ir a favor de la plenitud humana. Se trata de respetar el cuerpo y su matiz de expresión de la interioridad. El cuerpo es la palabra del espíritu. A través de él podemos enviar mensajes e incentivos eróticos.

En su ensayo más conocido, Jacinto Choza hablaba de “la supresión del pudor” como uno de los signos definitorios de nuestro tiempo. Si desnudarse fuera lo normal, la vergüenza sería antinatural, pero la vergüenza es un instinto de preservación de la intimidad, no un prejuicio adquirido.

La sociedad entera, antes tenía la percepción de que existía un límite. Ahora, la moda impone la falta de pudor. La novedad de nuestro actual contexto cultural es que nadie de avergüenza de llevar parte del cuerpo descubierto. La trasgresión ya no se considera la ruptura de un orden profundo, indispensable a nivel personal y social para conservar la propia fisonomía humana y evitar precipitarse en la animalidad.

Hay una secreta relación entre pudor y sexualidad ya que el pudor protege la intimidad del cuerpo. Hay que preguntarse si el pudor puede en verdad ser aniquilado. “Una manifestación exagerada e indiscreta puede ocultar lo esencial. Lo advertimos cuando en determinadas circunstancias, un exceso de visibilidad acaba por hacer opaca a una persona o una situación” (Giuseppe Savagnone).

¿No sucede lo mismo con los sentimientos íntimos? Si se guardan en secreto o se confían a unos pocos, mantienen su significado. En cambio, revelados indiscretamente a cualquiera, se convierten en un objeto anónimo de curiosidad y de cotilleo.

Hay modos de exhibir la realidad humana que, en vez de revelar su sentido, acaban por banalizarla, y por ocultar su verdad profunda. Sin misterio no hay revelación.

El ser humano puede quedar desprotegido, a base de desproteger el pudor, en tres campos: el lenguaje, el vestido y la casa. A través de la palabra podemos dar a conocer nuestra intimidad al mejor amigo; a través del vestido cubrimos nuestra intimidad corporal de los ojos extraños. Cuando invitamos a una persona a nuestra casa, la invitamos de algún modo a nuestra intimidad.

Sólo esta capacidad de custodiarse hace posible el don de sí mismo. La pérdida del pudor lleva a ver a la persona como objeto.

En 1920, un grupo masónico interesado en acelerar la corrupción de los pueblos católicos, encontró la solución dando dos trayectorias: una era degradar a la mujer, y pensaron: ¿cómo se viste la mujer de la calle? ¡Hay que lograr que las mujeres se vistan así! Poco a poco se irán reblandeciendo las costumbres. La otra trayectoria era fomentar las prácticas, no las convicciones, para ello hay que buscar la distracción, el vacío, y que la gente joven busque llenarse con el placer para que adquieran una “mentalidad placentera”.

La preocupación y la atención obsesivas respecto del cuerpo pueden derivar en auténticas patologías. Muchos no ven que la ropa enriquecer el sentido y potenciar la expresividad de la presencia física de un ser que es personal, y no sólo fisiológico; es decir, constituir una mediación de lo corporal, que trascienda la pobreza significativa del cuerpo en su condición inmediata y genérica.

Educación sexual mal dada

Y ¿de dónde proviene esta moda? En parte de las clases de educación sexual dada con programas estadounidenses. Bajo la bandera de “educación”, los llevan hacia experiencias sexuales que conducen al embarazo adolescente, al aborto, a las enfermedades mentales y físicas y/o a problemas emocionales.

Se confunde una educación sexual con enseñar erotismo, y lo que se requiere es hablar con naturalidad de la sexualidad, que se aprenda qué es la privacidad y el respeto a su propio cuerpo y al de otras personas. A los jóvenes hay que decirles que la masturbación es pésima pues los hace egoístas, y a la hora de casarse, van a buscar sólo su satisfacción, olvidando a su cónyuge.

La auténtica educación sexual, caracterizada por la formación y la información, es indispensable, pero no la explicación de todas y cada una de las técnicas sexuales, donde desaparece el amor espontáneo y sólo queda la biología. Y más aún, donde reducen la educación sexual al aprendizaje de los caminos para obtener placer, aun cuando esos caminos sean perversos.

Actualmente los jóvenes están bombardeados con imágenes de sexo, pero quizás los mayores violadores son los que les dan instrucción sexual sin una base moral. Éstos empiezan por dar una explicación de la biología humana básica, donde todo parece inocente; pero así empiezan para luego dar grandes zancadas para describir al detalle toda actividad sexual imaginable.

Actualmente las clases de educación sexual amplia o comprehensiva son una variante del abuso de niños, ya que destrozan sistemáticamente la modestia natural de los infantes, tira sus barreras protectoras contra lo obsceno. Ello viola el alma infantil. Estos grupos seducen a la gente joven para llevarles al sexo prematuro, y luego explotan esa caída dándoles los medios para que sus víctimas crezcan adictos a justificaciones, a excusas, a anticonceptivos y al aborto. Algunos cultivan así el futuro mercado para sus productos.

Los jóvenes que se retratan desnudos no se dan cuenta de que pueden ser víctimas de extorsión o abuso. Cuando se divulgan esas imágenes, ellos se apenan y sufren aislamiento, depresión e incluso intento de suicidio. La vida de muchos cambia cuando se ven involucrados en una violación grabada en video y compartida por celular. Una chica le mandó una foto a su novio, al poco tiempo se pelearon y él, en represalia, envió su foto a sus conocidos. Ella no lo soportó y tomó la puerta falsa del suicidio. Otras veces los jóvenes son rechazados del trabajo porque, al buscar antecedentes en Internet, encontraron una foto suya en esas condiciones.

Un muchacho valioso le decía a un amigo que dudaba: No te dejes presionar por los que te invitan a desnudarte. No estás obligado a decir que sí a nada. En realidad, es tu cuerpo lo que está en juego. La otra persona no tiene ningún derecho ti, aunque te diga que es tu amigo, aunque te lo discuta. Mejor sal corriendo para no caer y luego le llamas por teléfono.

Delante de nuestros ojos desfilan todos lo días modelos innumerables de hombres y mujeres contradictorios, vacíos de personalidad. La falta de interioridad de una persona la conduce a imitar lo que hacen los demás, a ser borrego, sin descubrir su aporte personal inédito, hecho que hace de la persona una novedad radical.

Rebeca Martha Reynaud

Fuente: Encuentra

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