La rutina no tiene la culpa. El amor puede destruirse día a día si olvidamos lo importante.

Este es un video sencillo, pero muy útil para ser utilizado en reuniones de matrimonios y abrir el diálogo sobre la culpable de todos los males matrimoniales: la rutina. Cuántas veces le echamos la culpa a la rutina por haber acabado con el sentimiento, con los detalles, con nuestra relación. ¡La malvada rutina…! ¡Hay que acabar con ella como sea!

Pero, ¿será efectivamente cierto esto? Si volvemos un minuto a la época de enamorados, podremos ver que ahí también existía rutina… actividades que dirigen nuestro día: levantarse, bañarse, desayunar, ir a trabajar, etc. Sin rutinas nuestros días pierden dirección. Entonces. si la rutina es parte de nuestra vida, ¿cómo es que podemos echarle la culpa de destruir relaciones enteras?

Si nos enfocamos en el video lo que vemos es a dos personas que se quieren, pero que están “distraídas” enfocadas en el quehacer diario, pero olvidando el sentido de ese quehacer. Es muy fácil caer en preocupaciones a causa del trabajo, de los hijos, de situaciones externas a la propia pareja que hagan que desviemos la mirada y centremos nuestras acciones en todo menos en la persona que tenemos al lado y que además es la persona más importante de nuestra vida (o debería ser), aquella que escogimos para compartir el resto de nuestros días y por quién apostamos para construir un futuro juntos.

La rutina no tiene la culpa, los responsables somos nosotros que dejamos de darnos un tiempo especial para cada uno. Como ya vivimos juntos, y nos “vemos” todos los días, entonces nos relajamos y dejamos no solo los detalles sino los momentos que toda pareja necesita a solas para continuar conociéndose, para hablar de los cambios que cada uno va sufriendo y al final para pasarla bien y divertirse juntos.

Qué agradable era cuando de enamorados esperábamos ese momento en que pudiéramos vernos para salir, para ir al cine, o simplemente caminar juntos y hablar de tonterías. Y de casados, ¿sentimos esa misma emoción al volver a casa?, ¿sentimos mariposas en el estómago cuando oímos la puerta de casa abrir?

Una infinidad de veces hemos escuchado que el amor se construye día a día, pero también puede destruirse día a día si olvidamos lo importante. Si estamos, como en el video, concentrados en el celular, en las actividades diarias y no encontramos el momento para coincidir juntos, de pronto ni siquiera ya nos mirarnos a los ojos. Creo que el simple ejercicio de saludarse con un beso y luego mirarse a los ojos todos los días por la mañana y al acostarse por la noche, obra mucho en una relación.

Tal vez no sea tan fácil como tirar el celular al agua (estoy segura de que si lo hago a mi marido le da un ataque). Pero sí es tan fácil como sentarse y conversar, reconocer el amor mutuo y poner los medios. Por ejemplo, acordar el nunca salir de casa sin despedirse con un beso, mirarse a los ojos y desearse un buen día, llamarse una vez durante el día para preguntar cómo están, llegar a la casa y saludar con un beso y mirarse nuevamente, dejar los celulares al lado durante las comidas juntos, tener una noche o un momento fijo a la semana solo para los dos, utilizar el humor y predisponerse a esperar lo mejor del otro, entre otros detalles.

Estas son algunas cosas que necesitamos incorporar a la rutina diaria, pues el amor es lo que le da sentido a nuestros actos. Es muy distinto volver a casa porque es un “deber”, o porque es lo que toca, a volver a casa porque es el lugar donde quiero volver. Eso se construye día a día. Sí, con la rutina.

«El cristiano no está hecho para el aburrimiento, sino para la paciencia» (Papa Francisco).

Silvana Ramos

Publicado originalmente en Catholic-link

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