Su experiencia con el aborto de una joven de 19 años con cuatrillizos obligada a acudir a un abortorio por su novio cambió para siempre su vida.

Hay momentos que suponen un punto de inflexión en la vida de una persona. El de Myra Neyer tuvo que ver con un aborto. Después de aquello se convirtió en provida y dejó atrás Planned Panrenthood, una empresa que solo busca lucrarse, como cuenta ella misma.

Neyer entró en la multinacional del aborto convencida de poder ayudar a muchas mujeres. Ella es madre vuida de cinco niños y sabe lo duro que es sacar adelante una familia, más en esas circunstancias, por lo que se decantó por esa opción creyendo que era la mejor.

Pero un día todo cambió. Llegó a la consulta una mujer joven, de unos 19 ó 20 años embarazada para someterse a un aborto. La joven creía que solo tenía un niño, pero en la ecografía se descubrió que eran cuatro y eran idénticos.

La pobre le confesó a Neyer que ella no quería abortar, que eso era idea de su novio, un hombre mayor que no deseaba tener ningún hijo nunca. Ambas hablaron durante un rato y finalmente la embarazada no se apuntó y se fue con sus hijos.

Pero a los pocos días volvió a la clínica sangrando. Su novio la había llevado a un “matadero”,como los llama Neyer, y tuvieron que realizarle un aborto de emergencia. Lo que vio durante el proceso la destrozó.

Dos de los hermanos estaban abrazados entre sí, estaban ya formados -de unos 15 o 16 semanas de embarazo-, se veía perfectamente que eran bebés, cuenta esta madre al Daily Signal. 

“Eran todos chicos, los sacamos de ahí pero con el último tuvimos que asegurarnos que no se quedase ningún trozo, fue horrible”, relata. “Cuando la miramos a ella, a la madre, parecía estar ida, totalmente perdida”.

“Golpeé la pared con el puño, miré a mi compañero y los dos estábamos llorando. Nos quedamos allí y lloramos por esos niños … Recuerdo haber dicho: ‘Es un bebé, es un bebé, que se ve exactamente como un bebé’ … simplemente nos paramos y lloramos “, reconoce Neyer.

Desde entonces nada volvió a ser igual. Tardó un poco en salir de Planned Parenthood, y lo hizo gracias a una activista de 40 Días Por la Vida que solía acudir a la clínica siempre con una sonrisa en la cara.

Neyer empezó a buscarla, a Mary, quien le siempre le decía “estoy rezando por ti”. La encontró después de que su jefe le echase la bronca porque al hablar con una embaraza que acudió a abortar sobre sus cinco hijos y cómo los ha sacado adelante a pesar de ser viuda, la chica se fue.

“Ahí me di cuenta de que no buscan la elección de la mujer, solo quieren el dinero”, insiste Neyer. Finalmente acabó acudiendo a la organización And Then There Were None para extrabajadores de abortorios.

“Es importante recordar la humanidad de los fetos, normalmente los que trabajamos en estos sitios tenemos una sensación desgarradora en el pecho”, finaliza Neyer, con el ánimo de lograr que otros sigan su ejemplo.

Juan Robles

Fuente: Actuall

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