“Todo ser humano tiene que ayudar a aquel que no tiene para comer”. Esta frase es la que que la religiosa Ana Rodríguez (Santianes, Asturias, 1945) fundadora de “Calor & Café” se repetía una y otra vez., viendo a aquellos chicos que se encontraban al borde del abismo.

Por esta razón, puso en marcha en 2006 la ONG ‘Calor y Café’ que a través de su comedor y servicio médico ha atendido a más de 2.700 personas, la mayoría de ellas drogodependientes.

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El nombre de la ONG, que la monja Rodríguez ha sacado adelante contra viento y marea, lo dice todo: café, potajes, bocadillos… pero también calor. “Los chicos no sólo necesitan un plato de comida caliente o una ducha, sino también apoyo emocional”... El calor de hogar que han perdido o que quizá nunca han tenido.

De hecho, la labor de Sor Ana ha traspasado Lanzarote y su fama se ha extendido. Y, es que, cualquier persona que llega a la isla con pocos recursos, sabe que tiene que acudir a ella.

Pese a las dificultades que supone ayudar a personas con pocos recursos o que han caído en las drogas, esta religiosa nunca ha tirado la toalla. Su único deseo es que las drogas desaparezcan.

Actuall ha charlado con ella para conocer de cerca su labor al frente de la ONG.

¿Quién es Sor Ana Rodríguez?

Una abuelita. Voy a cumplir 72 años muy pronto. Entonces, soy una persona con parte de mi vida ya hecha.

¿Por qué decide ser religiosa?

Siempre he tenido la inquietud y siendo muy jovencita hubo unas misiones en mi pueblo donde el misionero nos habló sobre la idea religiosa y allí fue donde desperté mi vocación.

Y fue misionera…

Sí. Pero antes hice el noviciado en Plasencia. De allí me mandaron a las Palmas y en, concreto, al Hospital San José. Después regresé a Plasencia para estudiar enfermería porque el clima me afectó un poco a la salud por la humedad. Y una vez que acabé la carrera, me mandaron a Colombia donde estuve seis años.

Luego ya fui a Perú y ya vine a España con un proyecto para llevar a este país, pero los planes de Dios eran distintos, porque me quedé en la Península cuidando a mi madre. Cuando mi madre se recuperó me llevaron a Lanzarote y aquí llevo ya 20 años.

¿Cómo se le ocurrió crear ‘Calor & Café’? 

Nació un 8 de septiembre de 2006. Yo era voluntaria en Cáritas y en aquel momento en Lanzarote había pocos recursos para ayudar a las personas que estaban en la calle. En mi comunidad pensamos que podíamos hacer algo, empezar por ofrecerles un plato caliente y que tuvieran un espacio.

Un espacio parcaféa recuperarse…

Para que no se les
interpelara por el hecho de ser toxicómanos. Que no se avergonzaran.

Calor ¿de hogar? 

Sí. Es lo que más necesitan: sentirse un poco queridos.

¿Qué tipos de ayudas ofrecen?

Tenemos un comedor social, una consulta médica, una lavandería. Además, repartimos comida a las familias más necesitadas.

¿Cuántos voluntarios hay?

32, que semana a semana van rotando. Después hay una lista de personas por si algún voluntario falla.

¿Por qué lo hacen?

Tiene mérito porque cuesta. Ahora mismo el voluntario que tenemos es muy estable, pero al principio costó mucho. Hubo gente que no fue capaz de terminar el servicio por el hecho de ver a tanto toxicómano junto pues le hizo coger miedo, pero sin ningún motivo.

¿Cuántas personas pueden pasar cada día por su comedor?

Suelen ser unos 40-45, porque últimamente ha bajado un poquito.

¿Y el menú?

Empezamos siempre por un potaje, porque es lo mejor que se comen. Haga frío o calor lo quieren. De hecho, les pones ensalada y dejan la lechuga, pero el potaje nunca. También les damos un segundo y un postre. Incluso tienen bocadillos y lácteos para llevarse a casa.

¿Por qué los jóvenes se enganchan a la droga?

No lo sé. Son tantos los factores…  A veces tienen un padre muy autoritario que no reconoce que él bebe y que falta el respeto a la familia. Otras son pequeños descuidos o malas amistades. Los seres humanos somos tan complejos que cualqui
er cosa favorece para que nos equivoquemos en la vida.

¿Cómo se les puede ayudar?

El toxicómano lo tiene fácil y difícil a la vez. Fácil porque ahora hay muchas ayudas y muchos centros para recuperarse aunque no tengan familia que les apoyen. Difícil porque, a veces, cuando se recuperan en el centro vuelven a la calle y recaen. Entonces, algo falla y yo creo que lo falla es la persona, porque ya no sabe vivir fuera de ese ambiente. Muchas veces también se van empobreciendo por vivir en un sitio en el que siempre se habla del mismo tema.


¿No tiene usted alguna receta para hacerles reaccionar?

A veces les digo simplemente ‘¿Te has visto en el espejo?, ‘¿Ves cómo te estás deteriorando? ¿Qué es lo que pasa?’, ‘¿Por qué no pides ayuda?’. Cosas así.

¿Se lo toman a mal?

Ellos saben lo que hay. Por ejemplo, el otro día vi a uno que ha venido un montón de veces al comedor y no lo conocía, porque ha desmejorado mucho. Me salió con que estaba así, porque estaba trabajando todo el día. Pero yo le respondí: “Qué suerte tienes, porque yo trabajo todo el día y no adelgazo y tú estás en los huesos. Creo que tienes que ser realista contigo mismo porque hay algo más”. Y él agachó a la cabeza.

Y aún así algunos salen del agujero.

Si, podemos contar a algunos que han conseguido rehabilitarse y recuperar a sus familias.

Por ejemplo… 

Uno me dijo “¿Se acuerda de mí? Ya tengo un niño y estoy bien y trabajando”. Hay gente muy mal y que ha estado tirada y, sin embargo, han salido para delante.

No todos han tenido esa suerte. 

No todo. Recuerdo a un chico que se murió en el hospital y el pobre no quería que llamaran a su madre para decirle que estaba enfermo y al final se murió. Su madre se enteró cuando ya era cadáver. La única obsesión del chico era no seguir haciendo daño a su madre.

¿Cómo devolver la autoestima a desechos humanos o a gente que se siente culpable o inútil?

Creo que recursos para superar la adicción tienen muchos, pero no sé cuál es la tecla que se debe usar para que consigan salir. Es duro decirlo pero muchas veces el hecho de que enfermen es su salvación y lo que les hace reaccionar.

Alguno ha muerto de sida…

Bastantes.

Personalmente, ¿qué le he aportado este proyecto?

Es mi vida. Mi única inquietud es saber que el que tiene hambre pueda comer caliente y que aquí puede recibir una pequeña ayuda, porque estamos en todo momento. También me da la satisfacción de sentirme útil con los demás.

Usted lleva el Calor & Café, hace gestiones, reza… ¿su día tiene 30 horas?

No, tiene 24 horas (se ríe). Pero es lo único que tengo que hacer, ya que estoy jubilada desde hace siete años. Mi vocación es esa.

“Yo no haría lo que usted ni por un millón de dólares”, le dijo un periodista a Teresa de Calcuta; y ella respondió: “Ni yo… lo hago por Jesús”. ¿Qué le parece?

Está frase es total. Hay trabajos que el dinero no tiene sentido. Sin embargo, por amor y por Jesús se pueden hacer muchas cosas. Es una manera de responder a ese compromiso de vida que has hecho con tus votos, que es servir al Señor en los necesitados.

Si usted pudiera… ¿qué cambiaría del mundo?

Quitaría la droga y las empresas que la fabrican. Además, desgraciadamente el toxicómano que conozco ahora no es el que conocí años atrás. Con el de antes podía hablar e incluso reflexionar un poco, pero los de ahora son más bien pacientes psiquiátricos. También cambiaría esta sociedad tan ingrata que se aprovecha de ellos y del mal que causa a los demás.

¿Qué es lo más bonito que le ha dicho alguna de las personas a las que ha ayudado?

Recuerdo frases como: ‘Gracias porque sin ti no hubiera sido posible’, ‘ Si tu no hubieras estado, me hubiera muerte de vergüenza por tener que pedir comida en la calle’, ‘Me he sentido muy mal y hoy me siento seguro gracias a Calor&Café’, etc.

Autor: Tamara García Yuste

Fuente: Actuall

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