“Hubo un momento en que quise ir a Siria, porque odiaba a la gente que no era musulmana. Quería matarlos. Estuve atada a cosas peligrosas. Me gustaba ver morir a la gente, verlos sangrar. En Internet vi videos de decapitación y me gustó. Era mi vida y quería ir a Siria”

La primera semana de diciembre de este año 2017 los terroristas de EIIL (Daesh, ISIS) habían perdido todo control de territorios en Siria e Irak, según informaron las autoridades militares de ambos países.

Destrucción y muerte dejó el odio inhumano del fundamentalismo islámico. Pero entre aquellos que alguna vez fueron adherentes del Daesh, que vivían para eliminar cristianos, hay historias que son un signo de esperanza; como la de Rita Chaima, quien recién cumplió los 18 años y cuyo testimonio acaba de ser difundido en La Nuova Bussola Quotidiana.

Nacida en occidente de padres africanos, el rostro que hoy presenta Rita, limpio y lleno de alegría -narra Frigerio-, en nada se parece a la expresión inquietante, sin esperanza, que muestra la protagonista de este testimonio en sus fotos de niña y adolescente.  Reflejo aquello del impacto que en ella produjo -agrega- el crecer bajo los dictados islámicos… Siendo niña era muy sensible y “ante un mundo que veía lleno de dolor y cruel, yo no quería ser parte de él”, recuerda. Pero el mal se coló en su alma y hoy reconoce haber llegado a ser una… “mala persona. Yo estaba muy herida y por eso hería a muchas personas”. En la adolescencia también volcó contra sí misma esa violencia intentando tres veces suicidarse confidencia: “Usé drogas… simplemente quería destruirme a mí misma”.

Seducida por el fundamentalismo

Luego sería deformada su alma bajo la idea de un falso dios, ser inescrutable a quien debía obedecer y quien pedía la sangre de los enemigos del Islam para liberar al mundo del mal. El odio  del fundamentalismo ocupó su mente hasta perder los límites. “Hubo un momento en que quise ir a Siria, porque odiaba a la gente que no era musulmana. Quería matarlos. Estuve atada a cosas peligrosas. Me gustaba ver morir a la gente, verlos sangrar. En Internet vi videos de decapitación y me gustó. Era mi vida y quería ir a Siria”. Cuenta que conoció en aquél período a una mujer, quien -siendo amigable y cariñosa-, la influenciaba: “Me dijo que si yo iba a Siria, tendría todo lo que no tenía aquí. Me hablaba de cosas aterradoras, pero al mismo tiempo en un tono maternal”…Llena de carencias afectivas como estaba, cayó “en la trampa”, reconoce.

Una inesperada conversión

Sin embargo Dios le enviaría un salvavidas inesperado y ella se aferraría a él con toda su alma. Todo comenzó con un hecho en apariencia fortuito. Rita tiene y tenía auténtica pasión por la lectura. Se fascinó entonces cuando su madre -“como hacen todas las madres africanas cuando encuentran algo que es gratis, sea lo que sea, lo toman”- llegó con una gran cantidad de libros a casa.

…Entre el montón de libros que le habían regalado venía también una Biblia que su madre no había notado. Rita decidió no tirarla en la basura simplemente porque “quería leerlo para mostrar a los cristianos que estaban equivocados”. Sin embargo, a medida que fue avanzando en la lectura de la Palabra Revelada “la gracia de Cristo comenzó a tocarme”, testimonia la joven. Cuenta que la parte más compleja de aceptar en su alma fue aquello de: “«Reza por tus enemigos» cuando yo los odiaba. Yo sólo quería matarlos”. Así, aunque “intelectualmente no quería aceptar a Jesús, Él comenzó a trabajar en mi corazón. Hasta la conversión”, dice sonriente.

La joven no pudo resistir el impulso de compartir lo que vivía. “Me hice cristiana”, dijo a su familia. Desde ese instante, confidencia, “comenzó la persecución”. Sus padres dejaron de hablarle y durante meses estuvo presa en su habitación, “como si estuviera en la cárcel”. El encierro en soledad “no era nada bueno para mí”, agrega. Temía a su pasado depresivo, pero como mantenía oculta la Biblia, “empecé a leerla mucho” y realmente “Jesús estaba allí conmigo. Me animó. El Espíritu Santo estaba verdaderamente allí. Lo sentí, lo veía”.

Liberada por Cristo en el bautismo

Cuando le permitieron salir una de sus primeras acciones fue buscar ser bautizada. “Después del bautismo sentí que una carga muy pesada desaparecía, quise evangelizar y todas mis convicciones sobre Cristo comenzaron a vivir en mí. Quería hablar de Jesús”.

Hoy Rita Chaima vive abandonada de su familia, pero se mantiene firme en la fe. “Estoy sola pero tengo una nueva familia en Cristo y es el mayor regalo que Dios me ha dado. Mi padre me apartó, pero Jesús me liberó”, dice y ya finalizando su testimonio arenga:

“¡Los animo a buscar a Dios con todo vuestro corazón, musulmanes y no musulmanes! Porque Dios sabe quién eres tú, Él conoce tus dificultades y aunque lo odies te ama. Veo la gracia de Cristo en toda esta historia. Me salvó del suicidio, de la depresión y de todo esto. Ojalá los musulmanes lleguen a la verdad y conozcan verdaderamente a Jesús, porque los ama, a pesar de lo que hacen o dicen. Los musulmanes necesitan a Jesús. El Islam no es la verdad, te lo aseguro; busca de verdad a Dios y lo encontrarás… con Dios es una aventura, así que aunque no sepa dónde estaré mañana, sé que Jesús cuida de mí”.

Publicada originalmente en Portaluz

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