Estamos llamados a la perfección, pero hasta qué punto tratamos de alcanzar tal perfección si dejamos que nos invada el espíritu del orgullo

Cuatro monjes hicieron un voto de silencio. Cuando llegó la noche, uno de ellos dijo: “Arreglen las lámparas”. A lo que el segundo respondió: “Se supone que no debemos hablar”. Y el tercero dijo: “¡Tontos estúpidos! ¿Por qué hablaron?… El cuarto monje se quedó en silencio y se dijo en su interior: “Yo soy ahora el único que no ha hablado”.

En cada nivel de escalada, hay una mayor ruptura con el espíritu del voto; el cuarto monje, que es el único que mantiene la apariencia exterior de silencio, es en realidad el peor delincuente porque rompe su silencio en el interior de sí mismo y lo rompe para entretenerse con orgullo.

Ahí reside el peligro del legalismo. Hay una tendencia a pensar que, debido a que guardamos los mandamientos y obedecemos las leyes de la Iglesia, en cierto modo somos superiores a todos los pecadores que existen.

Nos ponemos de pie y miramos los pecados exteriormente visibles de los demás en la convicción presumida de que somos los buenos, los justos, los rectos. Por supuesto, el mismo momento en que pensamos esto caemos en el peor de los pecados: el orgullo espiritual. (Melinda Selmys)

¿Cuál monje eres tú?

Entonces, ¿cuál monje eres tú? Si solo tienes un alto concepto de ti mismo por ser más como el primer, segundo o tercer monje en lugar del cuarto, simplemente te conviertes en el cuarto. Si entonces, acabas de felicitarse por no ser ninguno de estos cuatro, acabas de convertirse en el cuarto.

Qué fácil y común es convertirse en el cuarto.

Me gustaría agregar un quinto monje. Es el monje que, después de ver los fracasos de los otros cuatro monjes, dice:

“No tiene sentido aspirar a tal perfección cuando inevitablemente nos quedamos cortos de todos modos”.

El quinto es peor que el cuarto monje porque ha perdido toda esperanza.

Después de todo, Jesús dice que *debes* llegar a ser perfecto (con Su ayuda, por supuesto).

Eres llamado a tal perfección como el más alto propósito y objetivo de tu vida. Y con perseverancia fiel, alcanzarás eso.

Qriswell Quero de Pérez

Publicado originalmente en Píldoras de fe 

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