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Con diecisiete años era pro aborto, pero sería su propia experiencia de embarazo y capacidad de amar, por sobre sus propias limitaciones, lo que produjo en ella la decisión de respetar la vida.

Ser pro-vida, confiesa hoy la protagonista de este artículo, da a los niños por nacer la oportunidad de crecer y madurar y cumplir todos sus sueños. “Ellos merecen vivir y sentir latir su corazón, las emociones del amar y ser amados. Desechar a un inocente, ese indefenso milagro de vida, es lo peor que uno puede hacer”, sentencia rotunda esta activista cuya historia fue publicada a comienzos de septiembre por el portal LiveActionnews.org.

Descubriendo la vida

Con profunda sensibilidad Brittany Rotz declara que no hay nada mejor que permitirse sentir “mariposas en el estómago” cuando el bebé da su primera patada. “Ser capaz de ver que tu pequeño crece -agrega- a partir de una pequeña y minúscula bolita, para luego ver su boca moverse, los huesos formarse, definir su carita de bebé, pudiendo finalmente surgir al dar a luz, son los sentimientos más increíbles que jamás alguien puede experimentar”.

Pero esta no había sido la sensibilidad habitual de la joven madre norteamericana. Ella era pro aborto y defendía el discurso que no distingue la dignidad irrenunciable del ser humano que habita en el vientre materno desde su concepción. “Me parecía que estaba bien poder «borrar» tu error y no tener que preocuparte por ello. No podía estar más equivocada…”

Brittany supo que estaba embarazada de dos meses el 7 de abril de 2012. Recuerda que no sintió emoción alguna cuando vio el signo + en la prueba de embarazo. “No había impacto -dice-, no había vergüenza. Yo era sólo otra chica de diecisiete años de edad, embarazada”.

La conciencia y respeto por los valores supremos

Junto a Michael, su novio y padre de la bebé, investigaron todas las posibilidades que existían antes de tomar una decisión definitiva sobre lo que debían hacer.

“Sí, pensamos en abortar a nuestra hija -recuerda la joven- pero había en mi corazón un sentimiento que no puedo describir y me hizo decir «no» al aborto…”

Aunque no sabía si sería capaz de llevar hasta el final su decisión, fue inquebrantable y tuvo también el apoyo del novio. “Porque fui yo quien se quedó embarazada. Fui yo quien cometió el error, no mi hija. Tuve que asumir la responsabilidad de mis acciones, y abortar mi pequeño milagro no era precisamente tomar responsabilidad, sino que deshacerme de «eso», tomando el camino más fácil”, señala emocionada.

Con todo un sistema dispuesto para que abortasen no era simple para los jóvenes padres buscar otros caminos. Pero finalmente llegaron a Newlife, agencia que ofrece la adopción abierta, con potenciales padres adoptivos. “Nos encontramos con una trabajadora social muy cariñosa llamada Caitlyn, quien nos ayudó a decidir si íbamos a quedarnos con nuestra hija o a ponerla en adopción. Nos orientó en los pros y los contras que podríamos enfrentar como padres frente a la alternativa de que fuere adoptada”.

Una vida para Ava

Finalmente, dice la joven, tomaron conciencia que “no estábamos preparados para ser padres”. Además sin apoyo de terceros, los chicos tampoco tenían recursos económicos… Para ese momento el fantasma del aborto ya había sido exorcizado y la adopción surgía como la mejor alternativa pro vida.

“Nosotros no íbamos a ser capaces de dar a nuestra hija la vida que se merecía. Tomamos entonces la decisión de ponerla en adopción. Pero yo quería una familia que biológicamente no pudiere tener sus propios hijos, porque quería compartir este vínculo especial con ellos, donde nuestro primer hijo fuere también el primero de ellos”.

Durante nueve meses la joven madre podría haber cambiado de parecer y decidirse a permanecer con su hija, pero no lo hizo. Ava Elizabeth nació a las 5:39 am, el 29 de noviembre de 2012, siendo recibida por los amorosos brazos de Kyle y Marie, su padres adoptivos.

“Me convertí en una activista en favor de la vida después de dar a luz a mi pequeño milagro. Dar a luz a mi hija y sentir su calor en mi pecho y su aliento en mi piel trajo lágrimas a mis ojos. No podía creer que incluso pensé en abortar a un ser humano tan valioso. Estoy muy honrada de haber sido capaz de dar a una familia un regalo tan increíble. Creo que los niños no nacidos deben tener la oportunidad de vivir y experimentar la vida. Yo soy un testimonio vivo, y me siento orgullosa de compartir mi historia”.

“Si oís que alguna mujer no quiere tener a su hijo y desea abortar, intentad convencerla para que me traiga a ese niño. Yo lo amaré, viendo en él el signo del amor de Dios”. Beata M. Teresa de Calcuta, al recibir el premio Nobel de la Paz (Oslo, 10 de diciembre de 1979)

 

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