Autor: Susana Ariza

Fuente religionenlibertad

 

Se llama Marta. Tiene 19 años y una hija de dos. Cuenta que cuando se enteró de que estaba embarazada ni siquiera se planteó abortar. No era una opción. La única opción era afrontar la realidad, asumir las consecuencias de sus actos y tirar ´palante´. Algo que se escribe fácilmente, pero que, en el caso de un embarazo inesperado en una niña que todavía está en el colegio es, como mínimo, un acto heroico.

Marta es una valiente, una heroína. Ella no escogió la opción fácil, cómoda y al uso. Podía haber llamado a una amiga de confianza, haber mentido a unas cuantas amigas o a sus padres para conseguir el dinero necesario y haber acudido a un centro a practicarse un aborto. Podía haber tomado la vía rápida. El hecho de que luego se hubiera pasado el resto de su vida recordando el mal cometido no es algo que en el abortorio se hubiesen molestado en advertirle. Podía, en fin, haber acabado con el problema de un plumazo. Sí, podía haberlo hecho. Podía, como tantas adolescentes, haber sucumbido humanamente al miedo, a la angustia, a la incertidumbre. Sin embargo, no lo hizo, se mantuvo firme.

Afrontó la realidad del embarazo sin tratar de disfrazarla: una vida humana ya existente, real, viva, en su interior; consciente de todo lo que ello iba a suponer: contarles la verdad a sus padres a sus padres y enfrentarse a su entorno social -con lo que implica lidiar, siendo casi una niña, con las miradas indiscretas e inoportunas de la cotilla de turno o del señor aburrido del metro…-; asumir que su vida ya nunca sería la misma, ni se parecería a la de cualquier otra chica de su edad.

Lo hizo. Dio un paso al frente. Dijo sí a la vida de la manera más contundente y sincera que podía hacerlo, haciéndose completamente responsable de sus actos. Y el premio a su coraje fue una niña adorable, de hermosos ojos y dulce sonrisa, que es “lo mejor que le ha pasado en la vida”.

Al contrario que muchas chicas de su edad, cuando Marta se levanta no piensa en sí misma, sino en su pequeña; cuando tiene un rato libre no piensa en qué le apetece hacer, busca a su niña; cuando es la hora de cenar, antes que nada se ocupa de la cena de Lucía. Sí, le ha cambiado la vida, y muchos podrían decir que esa no es vida para una chica que acaba de empezar la universidad. Lo dirían, supongo, los mismos que creen que pensar siempre en uno mismo es lo que hace crecer a una persona en virtudes y en humanidad. La realidad es que Marta es una mujer admirable. Una chica joven, guapa, fuerte, diligente, siempre sonriente y, además, es madre.

Marta eligió dar la vida a su hija. Rechazó matarla, acabar con ella. Desde ese día, la vida de Marta nunca será igual. Seguro que no. Ahora, su vida es mucho más que ella misma, y su felicidad ya no se llama Marta, sino Lucía.

Como madre de varias niñas pequeñas, pido a Dios el don de educarlas de la misma manera que los padres de Marta; pido que, si algún día, mis hijas cometen un error, sepan ser valientes, poner la vida que Dios ha creado por encima de sus miedos, y no se planteen nunca el aborto como una opción, por difícil que pueda ser mirar al frente.

http://www.antena3.com/programas/espejo-publico/noticias/justicia-apoya-chicas-que-saquen-adelante-hijo_2015022000141.html

Comparto con vosotros el reportaje sobre Marta de Antena3 y la entrevista de después, en la que se enfrenta con un ginecólogo abortista. Merece la pena verlo: a pesar de su juventud y de no tener experiencia en televisión, Marta habla claramente de qué es el aborto, hasta el punto de que derrumba los argumentos del abortista en un par de frases.

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