El Vía Lucis nos invita a entrar en una espiritualidad pascual que recibe fuerza y dinamismo de Cristo Señor, resucitado y glorioso.

Cómo hacer el Vía Lucis

El presente Vía Lucis que presentamos es una devoción surgida en el ámbito del grupo eclesial de los “Testigos de la resurrección”, fundado y dirigido por el salesiano italiano Sabino Palumberi.

Se trata fundamentalmente de una meditación sobre la Pascua de Cristo en un camino de fe y conversión donde Cristo como con los de Emaús, se hace comensal y mistagogo de su extraordinaria historia personal.

La primera vez que se ejecutó de modo solemne y comunitario este Vía Lucis, fue el 27 de abril de 1990 en las catacumbas de san Calixto, en Roma, por parte de los 200 participantes en el 23 Capítulo General de la Sociedad Salesiana de san Juan Bosco.

En el fondo de dicho cementerio sagrado que custodia la tumba de las primeras comunidades cristianas entre las que se encuentra la tumba de 14 papas y de 18 santos, llamado por Pablo VI, santuario de los mártires, se desarrollaron las catorce estaciones que representan otros tantos momentos de la Pascua de Cristo, desde su resurrección hasta Pentecostés.

En esta ocasión se llevó procesionalmente el Cirio Pascual encendido como guía para la celebración. La lectura de la perícopa evangélica, acompañada de cantos e invocaciones apropiadas se alternaron en las etapas del camino de luz.

Como el Vía Crucis, el Vía Lucis tiene catorce estaciones o catorce momentos de escucha de la Palabra de Dios, seguidos de un comentario espiritual y de una oración que concluye la estación. Los comentarios ha sido extraídos todos ellos, salvo una ocasión en que hemos acudido al magisterio del Papa Juan Pablo II, del tesoro de los Padres de la Iglesia, cuyos escritos “se distinguen no sólo por la profundidad teológica, sino también por los grandes valores culturales, espirituales y pastorales que contienen” (Instrucción sobre el estudio de los padres de la Iglesia en la formación sacerdotal).

Se puede hacer en comunidad y seguir el mismo esquema del Vía Crucis pero en lugar de llevar el crucifijo, símbolo de la pasión, se lleva el Cirio pascual encendido, antiguo símbolo de la resurrección o incluso un icono de Cristo Resucitado como espejo donde contemplarlo en cada momento orante y meditativo.

Juan Javier Flores
Vía Lucis Ediciones Paulinas

PRIMERA ESTACIÓN

JESÚS RESUCITA DE LA MUERTE

Del Evangelio de San Mateo (Mt 28, 1-8)

En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel dijo a las mujeres: -Ustedes no teman, ya sé que buscan a Jesús el crucificado. No está aquí: Ha resucitado, como había dicho. Vengan a ver el sitio donde yacía y vayan aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán”. Miren, se los he anunciado.

Ellas marcharon a toda prisa del sepulcro, impresionadas y llenas de alegría corrieron a anunciarlo a sus discípulos.

Reflexión

Sí, ha vencido el León de Judá. A la voz del Padre despertó el cachorro. Rasgó las entrañas del sepulcro, el que no quiso bajar de la cruz. Nuestros enemigos juzgarán si esto es lo más extraordinario: ellos que habían sellado la losa y asegurado con guardias la vigilancia del sepulcro.

Esa gran losa que tanto preocupaba a las piadosas mujeres, al resucitar el Señor la corrió un ángel y se sentó encima. De este modo el cuerpo salió lleno de vida de un sepulcro bien cerrado, como había nacido del seno intacto de una Virgen, y se presentó donde estaban reunidos los discípulos con las puertas atrancadas. Con razón decimos que Cristo es la primicia de los resucitados: resucitó de tal modo que no vuelve a morir y es inmortal.

San Bernardo
Sermón I de la resurrección, 5

Oración

Has descendido a la tumba, ¡oh inmortal! Y has destruido los poderes del abismo; y has resucitado como vencedor, ¡oh Cristo Dios! Que saludaste a las mujeres que te llevaban aromas: ¡Salve!; y que diste a tus discípulos la paz, Tú que concedes a los caídos la resurrección.

De la liturgia bizantina
Santo y Gran Domingo de Pascua.

SEGUNDA ESTACIÓN

LOS DISCÍPULOS ENCUENTRAN EL SEPULCRO VACÍO.

Del Evangelio de San Juan (Jn 20, 1.10)

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y le dijo: -Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto- . Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro vacío; vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos. Los discípulos, entonces, volvieron a casa.

Reflexión

Cristo es carne nuestra, por mi bien muere y por mi gloria resucita: Yo me descompongo por mi muerte y resucito por virtud de Cristo. Cuando muere Cristo, cuando es sepultado entre los suspiros de los suyos, a mí me contemplo; cuando surge agilísimo de entre las rocas sepulcrales, veo a Dios.

Creo que mi cuerpo resucitará en Cristo; ¿por qué me incitas a la desesperación? Resucitaré por los mismos pasos que él trajo cuando domeñó la muerte; esto es lo que creemos.

Desterrad el miedo del corazón, miembros míos, y creed que los vuestros también han de volver a Dios juntamente con Cristo, pues os lleva Cristo y os llama consigo. Reíos de las enfermedades amargas. Despreciad las calamidades que nos acosan, menospreciad los negros sepulcros, seguid a Cristo resucitado a donde Él os llama.

Aurelio Prudencio
Apotheosis 1047 ss

Oración

Oh Dios, que venciendo a la muerte en tu Hijo Resucitado nos has abierto las puertas de la vida eterna y nos has colmado de alegría, conserva nuestros corazones libres de cualquier tristeza mundana y reaviva en nosotros la espera de tu reino.

De la liturgia ambrosiana.

TERCERA ESTACIÓN

JESÚS SE APARECE A LA MAGDALENA

Del Evangelio de San Juan (Jn 20, 11-18)

En aquel tiempo, estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Mientras lloraba se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan:
-Mujer, ¿por qué lloras?
Ella contesta:
-Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.
Dicho esto da media vuelta y ve a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice:
-Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?
Ella tomándolo por el hortelano, le contesta:
-Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.
Jesús le dice:
-¡María!
Ella se vuelve y dice:
-¡Rabboní! (que significa Maestro).
Jesús le dice:
-Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre de ustedes, al Dios mío y Dios de ustedes”
María Magdalena fue y anunció a los discípulos:
-He visto al Señor y me ha dicho esto.

Reflexión

Mujer, ¿por qué lloras? ¿a quién buscas? La interrogaban los ángeles no para que disminuyera su deseo de búsqueda, sino para que le aumentara. Pues así como cuando nosotros perdemos una cosa lloramos, y si se nos pregunta la causa de la tristeza, aumenta el llanto, de la misma manera le preguntaban la causa de su dolor para que aumentara su deseo de llorar, conscientes de que son bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

La mujer manifiesta la causa de su llanto cuando dice: Porque se llevaron a mi Señor; y no sé dónde lo han puesto. Diciendo esto se volvió para atrás y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Con razón se afirma que al volverse hacia atrás mereció ver al Señor, pues quien se vuelve hacia atrás, pone los ojos en aquello que antes tenía de espaldas. Así, se volvió para atrás, cuando, disipando las tinieblas de la duda, empezó a creer en la resurrección de Cristo. La visión de su Señor la dejo dudosa hasta tal punto que, porque le amaba pero no creía en su resurrección, lo vio, pero no lo reconoció.

Por eso dice el Evangelista: Ella, creyendo que era el hortelano, le dijo: Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo lo tomaré. Tiene el amor una virtud especial, que uno piensa que todos aman a aquel a quien él tanto ama. Pero no se equivocó del todo esta mujer cuando consideró al Señor como un hortelano. Pues, como es propio del oficio de hortelano arranca las hierbas perniciosas para que todas la buenas puedan crecer, así nuestro Señor Jesucristo, en su huerto que es la Iglesia, extirpa cada día los vicios para que puedan crecer las virtudes.

En María Magdalena brilla el esplendor de la resurrección del Señor anunciado por ella. El nombre de María se puede interpretar como estrella del mar. Esta interpretación aunque conviene especialmente a la Madre de Dios por cuyo parto virginal el Sol de justicia iluminó al mundo, también se puede aplicar a María Magdalena, que acudió al sepulcro con los ungüentos y fue la primera en anunciar al mundo el esplendor de la resurrección del Señor. Y si los discípulos son llamados apóstoles porque fueron enviados a predicar el evangelio a toda criatura, otro tanto ocurre con santa María Magdalena, que fue enviada a los apóstoles para apartar de sus corazones la duda y la incredulidad en la resurrección.

Te suplicamos, Señor, a Ti que derramaste gracia tan abundante sobre ella, te dignes ser propicio a nuestros ruegos por sus méritos. Que cuantos de entre nosotros, aplastados por el peso de nuestros pecados, no podemos alcanzar el perdón, gracias al piadoso patrocinio de la que te sirvió con devoción y de un modo singular en el mundo y ahora goza con los ángeles de la gloria y triunfa en el cielo, nos libre de las manchas de todas nuestras culpas; ella, que irradia con el fulgor de la caridad, nos conduzca por su intercesión a la patria eterna para que allí coronados, lleguemos a participar de su gloria con tu beneplácito.

San Odón de Turena, abad de Cluny
Sermón II de la veneración de santa María Magdalena.

Oración

Dios todopoderoso, no ceses de proteger con amor a los que has salvado, para que así, quienes hemos sido redimidos por la pasión de tu Hijo, podamos alegrarnos en su resurrección.

De la liturgia romana.

CUARTA ESTACIÓN

JESÚS EN CAMINO CON LOS DISCÍPULOS DE EMAÚS.

Del Evangelio de San Lucas (Lc 24, 13-19. 25-27)

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido.
Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. El les dijo:
-¿Qué conversación es esa que traen mientras van de camino?
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó:
-¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí esto días?
Él preguntó:
-¿Qué?
Ellos le contestaron:
-Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron.
Entonces Jesús les dijo:
-¡Qué necios y torpes son para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?
Y comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a Él en toda la Escritura.

Reflexión

¿Qué nos ofrece esta lectura a nosotros? Algo verdaderamente grande si lo comprendemos. Se les apareció Jesús. Lo veían con los ojos pero no lo reconocía. El maestro caminaba con ellos durante el camino y Él mismo era el Camino. Aquellos discípulos aún no iban por el Camino, pues lo halló fuera de Él. Estando con ellos antes de la pasión, les había predicho todo: que habría de sufrir la pasión, que había de morir y que al tercer día resucitaría. Todo se lo había predicho, pero su muerte se lo borró de la memoria. Nosotros esperábamos que iba a redimir a Israel. Lo esperaban oh discípulo! ¿es que ya no lo esperan? Vean que Cristo vive: ¿Ha muerto la esperanza en ustedes? ¡Es cierto: Cristo Vive!

Oración

Señor Jesucristo, que no has muerto sino para volver a la vida, ni has sido sepultado sino para resucitar, pues con tu muerte liberas a los muertos y al ser crucificado vences todo castigo: escucha nuestras preces con esa bondad tuya, paciente con todos, y pon ya fin a nuestros males. Vuelve a ser indulgente y apiádate de nosotros; pues reconocemos que hemos actuado bajo el hostigamiento de graves culpas, acércate de nuevo a nosotros con tu bondad indulgente, y así, reintegrados a tu paz, podremos entrar en posesión de bienes inefables.

Misal Hispano-mozárabe.

QUINTA ESTACIÓN

JESÚS SE MANIFIESTA EN LA FRACCIÓN DEL PAN

Del Evangelio de San Lucas (Lc 24, 28-35)

Ya cerca de la aldea donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante, pero ellos le apremiaron diciendo:
-Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída.
Y entró para quedarse con ellos.
Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero Él desapareció. Ellos comentaron:
-¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?
Y levantándose al momento se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
-Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Reflexión

Por culpa de su actitud aún no sabían que el Mesías debía morir y resucitar, y sus ojos sufrieron un error semejante no porque la Verdad los engañara, sino porque ellos no estaban preparados para percibirla, pues pensaban en algo muy ajeno a la realidad. Además, ese presentárseles en forma extraña, de manera que no podían reconocerle sino en la Fracción del Pan, ocurrió por una razón mística: para que nadie pretenda haber encontrado a Cristo si no participa de su Cuerpo, que es la Iglesia. De esa Iglesia, cuya unidad nace del Sacramento del Pan, según nos encarece el Apóstol, que dice: lo mismo que el Pan es uno, así, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo. Por eso, cuando les ofreció el Pan bendecido, se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Sí, pudieron abrir los ojos para reconocerle porque había desaparecido el obstáculo que les impedía hacerlo.

No será desacertado interpretar que este impedimento para reconocer a Jesús se lo había puesto ante sus ojos Satanás; sin embargo, Cristo había permitido aquello hasta el momento de darles el Sacramento del Pan, para que comprendamos que, por la participación en la unidad de su Cuerpo, queda retirado el obstáculo que ponía el enemigo para que podamos reconocer a Cristo.

San Beda el Venerable
Comentario al Evangelio de San Lucas VI
2150-2168

Oración

Quédate con nosotros, Señor Jesús: sé nuestro compañero de camino, levanta nuestros corazones, reanima nuestra débil esperanza; así, nosotros, junto con nuestros hermanos, podremos reconocerte en las Escrituras y en la Fracción del Pan.

Oración de la Liturgia de las Horas.

SEXTA ESTACIÓN

JESÚS SE APARECE A LOS DISCÍPULOS

Del Evangelio de San Lucas (Lc 24, 36-49)

En aquel tiempo estaban hablando de esas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice:
-La paz sea con ustedes,
Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver a un fantasma. Él les dijo:
-¿Por qué se alarman? ¿por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies: soy yo en persona. Tóquenme y dense cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como ven que yo tengo.
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:
-¿Tienen ahí algo qué comer?
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo:
-Esto es lo que les decía mientras estaba con ustedes: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí, tenía que cumplirse. Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.
Y añadió:
-Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Ustedes Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver a un fantasma. Él les dijo:
-¿Por qué se alarman? ¿por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies: soy yo en persona. Tóquenme y dense cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como ven que yo tengo.
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:
-¿Tienen ahí algo qué comer?
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo:
-Esto es lo que les decía mientras estaba con ustedes: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí, tenía que cumplirse. Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.
Y añadió:
-Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Ustedes son testigos de esto. Yo les enviaré lo que mi Padre ha prometido; ustedes quédense en la ciudad, hasta que sean revestidos de la fuerza de lo alto.
Después los sacó hasta Betania y levantando las manos los bendijo.

Reflexión

Los discípulos, aturdidos, creían que era un espíritu, y por eso el Señor, para mostrarnos el carácter de su resurrección, dijo: Toquen y vena que un espíritu no tiene carne y huesos, como ven que yo tengo. Pues lo que se puede tocar y palpar es corpóreo, y también nosotros resucitaremos con el cuerpo, pues se siembra un cuerpo animal y surge un cuerpo espiritual; el uno es ágil, el otro pesado, puesto que está todavía bajo la acción de la condición de su debilidad terrena.

¿Cómo no iba a ser un cuerpo, si tenía todas las señales de sus heridas, la marca de las cicatrices, que mostró el Señor para que las palparan? Las heridas que recibió por nosotros prefirió llevárselas al cielo sin suprimirlas para presentarlas a Dios Padre como rescate por nuestra libertad. Por lo cual, el Padre le asignó como trono su derecha, abrazando los trofeos de nuestra salvación, la diadema de sus cicatrices pasó a ser el testimonio que adujo allí en favor nuestro.

San Ambrosio
Tratado sobre el Evangelio de San Lucas, X.
169-170

Oración

A pesar de que el sepulcro había sido sellado, has salido fuera de la tumba, ¡oh Cristo Dios, vida nuestra! A pesar de que las puertas estaban cerradas te has presentado en medio de tus discípulos y has sido la resurrección para todos, renovando en nosotros, por medio de la misma, un espíritu recto, según tu gran misericordia.

De la Liturgia bizantina.

SÉPTIMA ESTACIÓN

JESÚS CONCEDE A SUS DISCÍPULOS EL PODER DE PERDONAR LOS PECADOS

Del Evangelio de San Juan (Jn 20, 19-23)

Al anochecer de aquél día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
-La paz sea con ustedes.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor, Jesús repitió:
-La paz sea con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también yo los envío.
Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
-Reciban el Espíritu Santo; a quines les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; a quienes se los retengan, le quedarán retenidos.

Reflexión

Que el cielo prorrumpa en la alabanza y la tierra enterada, rebose de júbilo, cantando la gloria de los Apóstoles en la solemnidad sagrada de este día.

Oh lumbreras del orbe, que habréis de juzgar al mundo, os pedimos de todo corazón que prestéis oídos a nuestras súplicas, a fin de vernos liberados de nuestros pecados por el poder, que recibisteis de abrir y cerrar, con vuestra palabra, las puertas del Cielo.

Y ya que la salud y la enfermedad se someten a vuestro imperio, confortad con las virtudes, la fragilidad de nuestro espíritu.

Para que, al final de los tiempos, cuando Cristo vuelva, como Juez, se digne hacernos partícipes de su gozo sempiterno.

Entonemos un canto de gloria para alabar al Señor, que, por medio de sus Apóstoles, nos concede instruirnos en la doctrina del Evangelio, y aspirar a los bienes celestiales. Amén.

Himno anónimo del siglo X
Común de Apóstoles.

Oración

Señor de misericordia, escucha nuestras súplicas, y, ya que nos has hecho pasar de los ritos antiguos a los sacramentos de la nueva alianza, ayúdanos a pasar de la vida caduca, fruto del pecado, a la vida nueva del Espíritu.

De la Liturgia romana.

OCTAVA ESTACIÓN

JESÚS CONFIRMA LA FE DE TOMÁS

Del Evangelio de San Juan (Jn 20, 24-29)

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
-Hemos visto al Señor.
Pero él le contestó:
-Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto la mano en su costado, no lo creo.
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
-La paz sea con ustedes.
Luego dijo a Tomás:
-Trae tu dedo, aquí tienes mis manos, trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Contestó Tomás:
-¡Señor mío y Dios mío!
Jesús le dijo:
-Porque me has visto has creído. Dichosos los que crean sin haber visto.

Reflexión

¿Qué pensáis de todo esto, hermanos? La divina Misericordia obró de modo tan admirable para que, al tocar aquel discípulo incrédulo las heridas de su Maestro, sanase en nosotros las llagas de nuestra incredulidad. De manera que la incredulidad de Tomás ha sido más provechosa para nuestra fe que la fe de los discípulos creyentes, porque, decidiéndose aquel a palpar para creer, nuestra alma se afirma en la fe, desechando toda duda. Causa mucha alegría lo que sigue: Bienaventurados los que sin haber visto han creído. Sentencia en la que, sin duda, estamos señalados nosotros, que confesamos con el alma al que no hemos visto en la carne. Sí, en ella estamos significados nosotros, pero con tal que nuestras obras se conformen con nuestra fe, porque quien cumple en la práctica lo que cree, ese es el que cree de verdad.

San Gregorio Magno
Homilías sobe los evangelios II, 6,7-8

Oración

En verdad es justo y necesario darte gracias, Señor, Padre Santo, y presentar nuestras súplicas a Cristo, tu Hijo, nuestro Señor.
Permitió el Señor que la lanza atravesara su costado, del cual manaron nuevos e inauditos milagros: los admirables signos del agua y de la sangre. Por el agua nos muestra el bautismo santificador, y por la sangre el honor del martirio.
Entró en donde estaban los discípulos reunidos con las puertas cerradas para mostrarles las señales mismas de sus llagas; les saludó con la paz, los exhortó a que no temieran, y los llenó del gozo inefable de su resurrección.
Pero estaba ausente el apóstol Tomás, que rehusó creer en la resurrección del Señor si no tocaba con sus propias manos la herida del costado y las llagas de los clavos.
Vino el Divino Maestro para mostrar al discípulo que dudaba, las cicatrices palpables de su cuerpo, él que ya antes, las había padecido por nosotros.
Fortalecido el ánimo del apóstol, exclamó: Señor mío y Dios mío. No permaneció duda alguna en el corazón de aquel que llegó a reconocer, tocando, a su Señor y Redentor del mundo.
Mucho nos aprovechó su duda momentánea, que tan evidentemente nos atestiguó a todos nosotros la gloriosa resurrección de nuestro Redentor.
El mismo Señor da fe de que son dichosos los que creen al verlo, pero declara más dichosos a los que le creen en su corazón por la fe que a los que le ven con los ojos.

Misal Hispano-mozárabe
Illatio de la fiesta de santo Tomás

NOVENA ESTACIÓN

JESÚS SE APARECE A SUS DISCÍPULOS
EN EL LAGO DE TIBERÍADES

Del Evangelio de San Juan (Jn 21, 1-14)

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice:
-Me voy a pescar.
Ellos contestaron:
-Vamos también nosotros contigo.
Salieron y se embarcaron y aquella noche no consiguieron nada. Estaba ya amaneciendo cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice:
-Muchachos, ¿tienen pescado?
Ellos contestaron:
-No.
Él les dice:
-Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán.
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro:
-Es el Señor.
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaba de tierra más que uno cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:
-Traigan de los peces que acaban de recoger.
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la Red, repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: -Vamos, almuercen.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor, Jesús se acerca, toma el pan se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

Reflexión

Después de su resurrección, el Señor se apareció a sus discípulos junto al mar de Tiberíades, y los encontró pescando, pero sin haber capturado nada. Nada habían logrado en toda una noche de pesca; pero vieron al Día, a Cristo, y echaron las redes en el nombre del Señor.

Dos son las pescas que encontramos que hicieron los discípulos en el nombre de Cristo: la primera cuando los eligió y los constituyó apóstoles; la segunda, ahora, después de su resurrección de los muertos.

La primera vez que el Señor encontró a los pescadores, a los que antes nunca habían visto, tampoco cogieron nada en toda la noche; sin indicarles si a la derecha o a la izquierda; solamente les dijo: Echen las redes. Las echaron… De forma que las dos barcas se llenaron hasta el punto de que casi se hundían por la multitud de los peces; más aún, eran tantos que las redes se rompían. Esto ocurrió en la primera pesca.¿Qué pasó en la segunda? Les dijo: Echen las redes a la derecha. Antes de la resurrección, las redes se echan según cuadre; después de ella, ya se elige el lado derecho. Además, en la primera las naves se hunden y las redes se rompen; en la última, después de la resurrección, ni la nave se hunde, ni las redes se rompen. En la primera no se indica el número de peces, en la segunda se da el número exacto. Dejemos, pues, la primera y vengamos a la segunda.

San Agustín
Sermón 260 E.

Oración

Para atravesar, queridos hermanos, el tormentoso mar del mundo, subamos con fidelidad el leño de la Cruz y despleguemos las velas de la fe al soplo favorable del Espíritu Santo. El acercarse Cristo a la orilla y llenar la red con grandes peces sin que se rompiera, fue imagen de la gloriosa Iglesia sin mancha. Les mandó que no apartaran la red de la derecha del navío indicando de dónde vendrían únicamente los bienes.

Imitemos el sentido de este admirable signo, amando y conservando sobre todo la unidad.

Que nadie se precipite en la impiedad de la separación, ni rompa las redes del Señor antes de haber llegado a la orilla, para que podamos contarnos entre los peces místicos y merezcamos ser alimento del Señor que se dignó rescatarnos del Abismo. Y convertirnos espiritualmente en miembros suyos, expiemos nuestras culpas mediante sacrificios salvíficos.

Misal Hispano-mozárabe
Oratio Admoniotionis Feria VI de Pascua.

DÉCIMA ESTACIÓN

JESÚS CONFIERE EL PRIMADO A PEDRO

Del Evangelio de San Juan (Jn. 21, 15-19)

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro:
-Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?
Él le contestó:
-Sí, Señor, Tú sabes que te quiero.
Jesús le dice:
-Apacienta mis corderos.
Por segunda vez le pregunta:
-Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
Él le contestó:
-Sí, Señor, Tú sabes que te quiero.
Él le dice:
-Pastorea mis ovejas.
Por tercera vez le pregunta:
-Simón, hijo de Juan ¿me quieres?
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó:
-Señor, Tú conoces todo, Tú sabes que te quiero.
Jesús le dice:
-Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas a donde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras.
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto añadió:
-Sígueme.

Reflexión

¡Oh Pedro, buen pastor! No rechaces mi oración, ni apartes de mí tu mirada compasiva, ni rechaces mi arrepentimiento, ni difieras oír mi súplica. Porque la oveja ha tomado disgusto a los pastos saludables y languidece desprovista de fuerzas. Ha preferido malos pastos y sufre las consecuencias de las enfermedades. Sus úlceras han crecido. Su enemigo, como león rugiente, da vueltas en torno a ella buscando devorarla.

¡Oh fiel pastor! Vuelve los ojos hacia ella, y reconócela como oveja a ti confiada. Pues si se ha desviado, no ha renegado de su maestro y pastor: mira su cara y ve la marca de tu Señor, el suyo.

Si no reconoces bajo esas manchas un rostro lavado y blanqueado en la fuente de Cristo, reconoce la voz que proclama el nombre de Cristo, de aquel que tres veces te preguntó si le amabas, y cuando por tres veces le confesaste, te dijo: apacienta mis ovejas.

Ciertamente ama las ovejas aquel que antes de confiarlas examina el amor que le tiene el pastor. Tú confiesas que le amas y ella a su vez que es su oveja. ¿Por qué entonces desprecias una oveja de Cristo, tú su pastor?

Pedro, pastor de Cristo, recoge la oveja de Cristo. Tú maestro, todo alegre, la tomó sobre sus espaldas, después de haberla buscado y encontrado; no rechaces a aquella que vuelve a ti suplicante; el Señor la ha comprado con su sangre antes de que naciese: que el pastor no la desprecie ahora que ha renacido y que te ha sido encomendada con tanto interés.

San Anselmo de Canterbury
Oración IX

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que has dado a tu Iglesia el gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo; concédenos también la alegría eterna del reino de tus elegidos, para que así el débil rebaño de tu Hijo, tenga parte en la admirable victoria de su Pastor.

De la liturgia romana.

UNDÉCIMA ESTACIÓN

JESÚS CONFÍA A SUS DISCÍPULOS LA MISIÓN UNIVERSAL.

Del Evangelio de San Mateo (Mt. 28, 16-20)

En aquel tiempo los Once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
-Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.

Reflexión

Si queremos ver, queridos hermanos, a Jesús que sube al cielo con los ojos de la fe y si queremos llegar a la gloria con Él, también nosotros debemos salir espiritualmente por la contemplación de este mundo.

En este día, condujo Jesús a sus discípulos a Betania y, elevando las manos los bendijo. ¡Qué felices fueron aquellos que merecieron ser bendecidos por sus propias manos! Vean, hermanos, qué herencia nos dejó nuestro Señor, cuando se marchó de este mundo, ni oro ni plata, ni cualquier otra cosa terrena, sino su bendición. Y para que no nos entristeciéramos porque se apartó temporalmente de nosotros, escuchen lo que nos dijo: Yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo.

¿De qué modo se apartó de nosotros? Por su presencia corporal, aunque por su divinidad siempre permanece con nosotros; y mediante su misericordiosa providencia siempre está junto a nosotros.

Debemos, pues, resistir con virilidad contra el diablo y sus insidias y tener gran esperanza en nuestro Señor Jesucristo. ¡Cómo pueden perecer aquellos por los que ora Cristo! ¡Por los que presenta ante el Padre aquellas heridas suyas que padeció por nosotros! Por eso nuestra esperanza debe estar firme en Él.

Beato Edredo del Rielvaux
Sermón XIII en la Ascención
del Señor, 23-26

Oración

Oh Dios, que sin cesar haces crecer a tu Iglesia, agregando a ella nuevos hijos: defiende con tu constante protección a cuantos purificas en el agua del bautismo.

De la liturgia romana.

DUODÉCIMA ESTACIÓN

JESÚS ASCIENDE AL CIELO

De los Hechos de los Apóstoles (Hch. 1, 3-11)

Jesús se presentó a los Apóstoles después de su Pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios. Una vez que comían juntos les recomendó:
-No se alejen de Jerusalén, aguarden que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo les he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días ustedes serán bautizados con Espíritu Santo.
Ellos le rodearon preguntándole:
-Señor ¿es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel?
Jesús contestó:

-No les toca a ustedes conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes, recibirán fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.
Dicho esto, lo vieron levantarse hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndole irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron:
-Galileos, ¿qué hacen ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo, volverá como le han visto marcharse.

Reflexión

Si Cristo subió al cielo, no fue en realidad para presentarse a sí mismo ante Dios Padre; Él estaba, está y estará siempre con el Padre y a la vista del que lo engendró; es siempre el objeto de sus complacencias. El que antes era sólo el Verbo, desprovisto de humanidad, sube ahora a presentarse en su condición de hombre, cosa insólita y desacostumbrada. Y esto lo hace por nosotros y en provecho nuestro, para poder oír con pleno derecho, aun en su condición humana, como Hijo de Dios que es: Siéntate a mi derecha, y transmitir por sí mismo a todo el género humano la gloria de la filiación.

San Cirilo de Alejandría
Comentario al Evangelio de Juan IX (PG 74, 183)

Oración

Cristo Dios, que subiendo al cielo, dejaste a tus discípulos sin tu presencia corporal, permite que te amemos en espíritu, ya que ahora no podemos verte en la carne, aunque te esperamos con toda confianza para el juicio. Crea en nosotros un corazón sincero y un espíritu recto para que quienes celebramos la fiesta de la Ascención, podamos recibir de Ti el Espíritu Santo.

Misal Hispano-mozárabe
Alia del la Ascención del Señor.

DECIMOTERCERA ESTACIÓN

CON MARÍA EN LA ESPERA PENTECOSTAL DEL ESPÍRITU SANTO

De los Hechos de los Apóstoles (Hch. 1, 12-14)

Después de subir Jesús al cielo, los Apóstoles se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado. Llegados a casa subieron a la sala, donde se alojaban: Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo, Simón el de Celotes y Judas el de Santiago. Todos ellos se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la Madre de Jesús, y con sus hermanos.

Reflexión

María llevaba al Cenáculo de Pentecostés la “nueva maternidad”, que fue “su parte” al pie de la cruz. Esta maternidad debe permanecer en ella y, al mismo tiempo, de ella, como “figura”, debe pasar a toda la Iglesia, que se revelará al mundo el día de la venida del Espíritu Paráclito. Los que están reunidos en el cenáculo son conscientes de que, desde el momento de la vuelta de Cristo al Padre, su vida está escondida con Él Dios. María es consciente de ello más que cualquier otra persona.

Quienes esperaban con María en el Cenáculo de Jerusalén el día de Pentecostés, han experimentado aquellos “nuevos tiempos”. Bajo el soplo del Espíritu de la verdad deben salir del Cenáculo para dar, junto con este Espíritu, testimonio de Cristo Crucificado y Resucitado. Por esto deben manifestar a Dios, que como amor, abarca y compenetra al mundo; deben convencer a todos de que con Cristo están llamados a “morir” en el poder de la muerte, para resucitar a la vida escondida con Cristo en Dios.

Juan Pablo II
Carta a las personas consagradas
Con ocasión del año mariano.

Oración

María Santísima:
Con certeza filial sabemos
Que en tu oído está el anuncio del ángel,
En tus labios, el cántico de alabanza,
En tus brazos, Dios hecho Niño,
En tu corazón, la cruz del Gólgota,
En tu frente, la luz y el fuego del Espíritu Santo,
Y bajo tus pies, la serpiente degollada.
Madre nuestra Santísima,
En esta hora de la Nueva Evangelización
Ruega por nosotros al Redentor del hombre.

Juan Pablo II
Plegaria para el V Centenario
de la Evangelización de América.

DECIMOCUARTA ESTACIÓN

JESÚS MANDA A SUS DISCÍPULOS EL ESPÍRITU PROMETIDO POR EL PADRE.

De los Hechos de los Apóstoles (Hch. 2, 1-6)

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían posándose encima de cada uno . Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.
Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno les oía hablar en su propio idioma.

Reflexión

Para que los discípulos quedaran revestidos hoy plenamente de la virtud de lo alto, les ha sido dado desde el cielo el Espíritu como fuego que ilumina y calienta, que con su luz los conduce a la verdad plena y con su calor los hace arder en la caridad.

Así ellos, que antes eran frágiles como la arcilla, ahora se han fortalecido como el barro cocido, y su palabra ha brillado como lámpara para nuestros pasos. Esta es la razón de que ellos, que antes eran callados y miedosos y que habían renegado del Señor en su pasión, ahora proclaman con vibrante elocuencia: No podemos dejar de proclamar lo que hemos visto y oído. Juzguen ustedes mismos, decían, si es mejor obedecer a Dios o a los hombres.

Ustedes, que como hombres poco antes tenían miedo de los hombre ¿de dónde os viene de repente este coraje que aun siendo hombres hace que os veáis superiores en cierto modo a ellos, y no tengáis ya miedo de los hombres?

Ustedes que antes por miedo a los judíos estabais encerrados en una casa estrecha y oscura ¿por qué ahora habláis públicamente en el templo con tanto aplomo?

¡Qué verdad es lo que está escrito: Los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas!
Isaac de la Estrella
Sermón 43 en Pentecostés

Oración

Dios todopoderoso y eterno, Padre santo, cuyo Espíritu multiplica y gobierna el cuerpo entero de la Iglesia, conserva la gracia de la santificación en tu nueva familia de modo que renovados en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu te manifestemos un alma pura y un espíritu puro con tranquilidad de ánimo y paz.

De la liturgia galicana
Missale Golbicum

CONCLUSIÓN

Que tu pueblo, Señor exulte siempre contigo al verse renovado y rejuvenecido en el espíritu, y que la alegría de haber recobrado la adopción filial afiance su esperanza de resucitar gloriosamente.

Fuente: Devocionario IFCJ

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