La palabra consagración quiere decir: hacer sagrado a alguien o algo, según la Rae, lo cual significa estar dedicado a Dios.

Cada cristiano al recibir el bautismo es consagrado a Dios como casa espiritual, y de esta forma cabe decir que mi ser le pertenece  y ello implica renunciar a mi autonomía y propia suficiencia para encontrar en Dios la total y filial dependencia a Él.

Por lo tanto consagrarme  al Corazón de Jesús, equivale a  entregarme, a dejarme poseer libremente por Él, respondiendo al amoroso llamado para vivir bajo el impulso de su gracia.

Esta oración fue escrita por santa Margarita María Alacoque, quien también nos hizo partícipes de las promesas del Sagrado Corazón de Jesús a sus devotos.

Corazón Sagrado de mi amado Jesús, yo aunque vilísima creatura, te doy y consagro mi persona, vida, acciones, penas y padecimientos,deseando que ninguna parte de mi ser me sirva si no es para amarte, honrarte y glorificarte. Esta es mi voluntad irrevocable: ser toda tuya y hacerlo todo por tu amor, renunciando a cuanto pueda desagradarte.

Te tomo pues, ¡Oh Corazón Sagrado! por el único objeto de mi amor, protector de mi vida, prenda de mi salvación, remedio de mi inconstancia, reparador de todas las culpas de mi vida y asilo seguro en la hora de mi muerte.

Sé pues, ¡Oh Corazón bondadoso!, mi justificación para con Dios Padre y aleja de mí los rayos de su justa cólera. ¡Oh Corazón amoroso! pongo toda mi confianza en Ti y, aunque lo temo todo de mi flaqueza, sin embargo, todo lo espero de tu Misericordia. Consume en mí todo lo que te desagrade y resista y haz que tu puro amor se imprima tan íntimamente en mi corazón, que jamás llegue a olvidarte ni a estar separada de Ti.

Te suplico por tu bondad, escribas mi nombre en Ti mismo, pues quiero tener cifrada toda mi dicha en vivir y morir como tu esclava. Amén

(Sta. Margarita María Alacoque)

Instituto Hijas del Sagrado Corazón de Jesús

 

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