La misma FAO afirma que la gente compra mucho más de lo que realmente consume, y señala que una gran cantidad del desperdicio de comida es el resultado de la falta de conciencia en la compra de alimentos. Al preparar se tiran partes en perfecto estado. Muchos productos terminan en la basura sin haber sido abiertos.

Gabriela estaba indignada. ¿Cómo es posible que algunos comerciantes prefieran contaminar de propósito alimentos que gentes sin recursos podrían comprar a precios más bajos? Ellos estropean a propósito alimentos con “consumo preferente” aún útil, cuando el producto sólo deja de presentar sus cualidades íntegras de color, sabor o consistencia, pero no “representa ningún riesgo para la salud”. Otra cosa son alimentos con “”fecha de caducidad” vencida que pueden causar enfermedades.

A esto hay que añadir el desperdicio en la mesa de la casa. Estudios revelan que, en el día cada persona desperdicia un tercio de la comida del plato en la mesa. Se sirve más de lo que va a consumir o tira algo que tiene un ligero desperfecto. El resultado la FAO afirmó en reciente “Congreso Internacional sobre Ahorro de Alimento” que: más de 1,3 mil millones de toneladas de comida se desperdician anualmente en el mundo, por mal mercadeo o en la mesa de los hogares.

En el último informe sobre ‘Desperdicio de alimentos en época de crisis’ se lee que en América Latina y el Caribe 52 millones de personas pasan hambre, y cerca de 9 millones de niños padecen desnutrición crónica. Según un estudio de la Universidad de Arizona, entre el 45 y el 50 por ciento de todos los alimentos cosechados se pierden anualmente antes de ser consumidos. Según los mismos cálculos, esta comida podría servir para cubrir todas las necesidades de las personas desnutridas de millones de hogares que no tienen garantizado un plato de comida.

La misma FAO afirma que la gente compra mucho más de lo que realmente consume, y señala que una gran cantidad del desperdicio de comida es el resultado de la falta de conciencia en la compra de alimentos. Al preparar se tiran partes en perfecto estado. Muchos productos terminan en la basura sin haber sido abiertos.

Una buena norma ética al respecto podría ser “comprar sólo lo que vamos a consumir, y servir sólo lo que vamos a comer”. Porque la responsabilidad ante los alimentos empieza en casa “cuando se enseña a los niños a servir solo lo que realmente se van a comer; a no comprar más de lo que va a consumir y a servir en cada plato lo que cada estómago puede recibir” porque desperdiciar comida es un asunto de conciencia ética.

El Papa Francisco lo ha señalado desde el inicio de su pontificado. El 5 de junio del año 2013 condenó la “cultura del desperdicio”, en ocasión de la Jornada Mundial del Medio Ambiente, y ha afirmado: “Los alimentos que se tiran a la basura son los que se roban de la mesa del pobre, del que tiene hambre. La ecología humana y la ecología medioambiental son inseparables”.

“En el relato evangélico de la multiplicación de los panes, Jesús da de comer a la multitud con cinco panes y dos peces, y al final pide a los discípulos que nada del alimento sobrante se desperdicie. Cuando la comida se comparte de modo justo, nadie carece de lo necesario”, señaló recientemente.

Por Yoltéotl Martínez

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