Daniel Darling es un “repetidor” en lo de tener hijas: de sus cuatro retoños, tres son niñas: “La mayor tiene ocho años y cada año que pasa desde que nació me hago más conservador en todo lo que se refiere a mis chicas. No soy un entusiasta de las armas, pero podría serlo si se trata de sentarme en el porche esperando al primero que se atreva a pedir una cita a mis hijas”, bromea.

Darling, pastor evangélico en Chicago y autor de diversos libros sobre cuestiones familiares en la línea de películas como A prueba de fuego o libros como El desafío del amor o Padres fuertes, hijas felices, añade, “ya en serio”: “Me gusta tener hijas. Hay algo en tener una niña que suaviza al hombre y añade a su alma una cierta ternura“. Y es “en ese espíritu” con el cual señala en su blog “cinco cosas que toda hija necesita escuchar de su padre”.

1. Eres guapa y te quiero. “Esto es algo que deberías decirle a tu hija al menos una vez al día y probablemente más. No soy psicólogo, pero las niñas que saben que sus padres les quieren crecen con mayor confianza y evitar buscar el amor en el lugar equivocado. Oír que son hermosas es un balón de oxígeno para el alma de tu hija. Hazlo a menudo de formas distintas y creativas”.

2. Tu madre es guapa y la quiero. “El mejor regalo que le puedes hacer a tu hija es mostrarle cómo debe un hombre tratar a una mujer. Que vea en ti un modelo, aunque sea imperfecto, del amor que Dios hace nacer entre un hombre y una mujer. Dile a tu mujer todos los días que es hermosa, que la quieres y que te alegras de haberte casado con ella. Dile que te comprometes con ella para toda la vida. Y dile estas cosas de vez en cuando delante de tus hijos“.

3. Perteneces a Dios y has sido creada para Su gloria (aquí podríamos añadir, al texto de Darling, lo de San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales: “El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima”). “A menudo las niñas sienten inseguridad sobre muchas cuestiones: su peso, su apariencia, sus amigos… En ocasiones pueden sentirse poco importantes o poco apreciadas, incluso en un hogar donde reina el amor. Por eso tú, como padre, tienes que recordarle a menudo que son criaturas especiales formadas amorosamente por el Creador a Su imagen y semejanza“. Darling invita a que tengan siempre en cuenta al salmista (“Te doy gracias por tan grandes maravillas: prodigio soy, prodigio son tus obras”, Sal 139, 14) para que esa idea “esté interiorizada por tus hijas cuando lleguen los momentos de duda”.

4. Eres perdonada. “Tu hija desordenará su vida, pecará, te disgustará… Y si no sitúas la buena nueva del Evangelio como centro de tu familia, puede crecer pensando sin saber qué hacer con sus pecados. Instrúyela en la práctica del arrepentimiento y el perdón: el arrepentimiento de sus pecados y el perdón de los ajenos. Que sepa que Jesús siempre está dispuesto a ofrecer su gracia y debe estar dispuesta a recibirla y a aplicarla a quienes le hagan mal a ella”.

5. Vales mucho. “No dejes que tu hija consuma el veneno de la cultura que mide el valor de una mujer por su independencia o su habilidad para deshacerse libremente de su pureza. Que ni por un momento se trague la mentira de que la libertad sexual es algo distinto a una esclavitud de la peor especie, el instrumento del enemigo para arrebatarle la creatividad, la belleza y la finalidad para la que fue creada. Enséñale qué buscar en un hombre (una pista: no lo que se ve en la tele). Asegúrate de que es consciente de la hermosura de la imagen pintada por el Creador. Su autoestima y el sentido de su propio valor están ligados a su llamada especial a ser hija de Dios“.

Fuente: Religión en libertad

Comparte:

About Author