Para entender la reparación es preciso experimentar y ser muy consciente del Amor de Dios, de ese Dios que nos mira y acompaña en nuestro caminar por la vida, nos mira no para castigarnos sino para socorrernos  y restaurarnos.

Una acepción de la palabra reparar es precisamente “mirar con atención, observar, advertir una cosa, examinar”[1] Dios no ve con un mirar distraído, sino con interés, con amor, como quien se preocupa de lo que pasa en toda nuestra persona  aún en nuestro interior.

“Señor tu me examinas y me conoces, sabes cuando me siento o me levanto. Conoces de lejos lo que pienso, Ya este caminando o en la cama me escudriñas, eres testigo de todos mis pasos… Si subo a las alturas allí estas Tú si bajo a los abismos también te encuentro ahí.”[2]

Él mira en lo profundo y no se queda en las apariencias, mira el corazón y lo entiende, pues El lo ha creado y sabe que su deseo más grande y autentico es experimentar y hacer propio el Amor, ya que para eso fue creado.

En el Antiguo Testamento  en diferentes momentos se manifiesta ese amor que Dios ha tenido por la humanidad,  ese mirar con interés.  Cuando en el Génesis leemos al inicio de la creación “Vio Dios que todo era bueno” (Gn. 1,31)   advertimos la complacencia de Dios por su creación, esa complacencia que se traduce en Amor especialmente por quienes creó a su imagen y semejanza “Creó, pues Dios al ser humano  a imagen suya, a imagen de Dios los creo, macho y hembra los creó” 8Gn. (1,27)  es decir nos creó  en la Verdad y  para la Eternidad, pero el pecado distorsionó la imagen del hombre y rompió la amistad con Dios.

“Yavhe Dios llamo al hombre y le dijo ¿Dónde estás?  éste contestó: he oído tu voz en el jardín y tuve miedo porque estoy desnudo y me escondí” (Gn. 3,9)  El hombre se cree incapaz de permanecer a la vista de quien es toda Verdad,  toda fidelidad, toda sabiduría por lo tanto  se aleja de su presencia y rompe los lazos entre el creador y él. Los vínculos quedan rotos,  sin embargo Dios ama y conoce perfectamente al hombre sabe que su corazón está hecho para amar,  dar y crear, para  la bondad y para la verdad y que entrando el pecado en él está sujeto a la vanidad, a la maldad a la destrucción y a la muerte, no lo abandona revalida, promueve y extrae el bien de todas las formas del mal existentes en el mundo y en el hombre.

En ese relato Dios maldice a la serpiente, a la tierra pero no al Hombre, a éste le promete un Salvador un restaurador (Gn. 3,15) Hare que haya enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la tuya. Ella te aplastará la cabeza… Da comienzo su obra reparadora y salvadora, que no cesa y que llegada la plenitud de los tiempos se cumplirá en Jesucristo.

La historia de Noé también tiene un profundo sentido reparador. La humanidad se ha dejado llevar por el pecado y Dios actúa en el tiempo después del diluvio haciendo un pacto con todos los pueblos de la tierra, puesto que todos son descendientes de Noé. Yavhe ofrece un camino de salvación para todos los seres humanos por ello elegirá posteriormente a Abraham (Gn.12) y con él a un pueblo por medio del cual todas las razas de la tierra encontrarán la salvación es la reparación de la creación dañada desde Adán hasta nuestros tiempos. A lo largo de la historia vamos a descubrir “El amor que Dios de manera misteriosa y gratuita   ofrece al hombre”.[3] El Dios único se manifiesta a Israel, ama personalmente a un pueblo y lo elige con el objeto de reparar de esta manera a toda la humanidad.

La historia de Dios con Israel consiste en el fondo en que él da su ley, la ley para el pueblo de Israel es un don ya que les indica el camino verdadero para alcanzar la plenitud como seres humanos, el pueblo hará posteriormente de esa ley un yugo sin embargo quien vive en fidelidad al único Dios se experimentará así mismo como quien es amado y descubrirá la alegría.

En el libro del éxodo contemplamos los grandes prodigios que Yavhé obra a favor de su pueblo y la murmuración y resistencia de éste para con Dios. A pesar de todo Él los libera de la esclavitud, pero el amor de Dios no es un amor paternalista que evite los efectos del pecado, su mayor don es la libertad, el hombre haciendo uso de esa libertad experimenta las consecuencias de sus acciones. “Mira que te he ofrecido en este día el bien y la vida por una parte y por la otra el mal y la muerte” (Dt. 30,15). Dios respeta la libertad del ser humano.

Las obras que Dios realiza en la historia de la salvación revelan la profunda verdad de su amor; su fidelidad se afirma con el recuerdo de sus promesas a través de sus profetas.

A Ezequiel le tocará denunciar la amargura del pueblo al apartarse de su Dios gritará la indignación de Yavhe, sin embargo anunciará la reparación, la restauración de Israel. (Ez. 33) “Les daré un corazón nuevo y pondré dentro un espíritu nuevo. Quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne” (Ez. 36,26).

Con el profeta Oseas vemos la dimensión del amor de Dios por el hombre que va más allá de la justicia, está por encima de ella.

El profeta Isaías anuncia la restauración “Así fueran vuestros pecados como la grana, cual nieva blanquearán y si fueran rojos como el carmasí cual lana quedaran”. (Is. 1,18) y todos los profetas comunicaran el amor de Dios y con él la reparación.

Vemos en el Antiguo Testamento a un Dios que se interesa por la suerte de su pueblo y en ese pueblo por la suerte de cada uno de nosotros, un Dios cuyo amor lo hace expresar “Puede a caso una madre olvidarse de su hijo, pues aunque alguna lo olvidase yo nunca me olvidaré de ti, tú estás gravada en la palma de mi mano” (Is. 49,15)

El amor de Dios es eterno, es plenitud y con ese amor nos ha creado y acompañado durante nuestra existencia. “porque los montes se correrán y las colinas se moverán, más su amor de nuestro lado no se apartará”[4], con amor eterno nos ha amado por eso prolonga su misericordia hacia nosotros y nos colma de sus gracias y cuantas veces nos destruya el pecado o las circunstancias él nos volverá a edificar y seremos reedificados.

El amor de Dios supera las más profundas carencias y miserias del ser humano y en estos últimos tiempos Dios quiso hablarnos al corazón por medio del corazón de Cristo que refleja su sentir en su vida y su mensaje.

 

[1] Enciclopedia Salvat

[2] Salmo 139

[3] Deus Caritas Est. No. 1

[4] Cfr. Is. 54,10

H adela Hernández

Comparte:

About Author

Comments are closed.