Hace poco leía que los índices de divorcio están aumentando. Al investigar por qué, encontré, entre otras, la siguiente respuesta: Muchas parejas dicen que ya no sienten lo mismo, que se ha acabado el amor. Pero —pensaba yo—, ¿es que se puede tomar una decisión tan importante en base a sentimientos? ¿El amor verdadero se acaba? Cuando escuchamos que “se acabó el amor”, pareciera como si éste fuera una tercera persona que viene, toma asiento y se va cuando quiere. ¿Es eso real?

Días atrás, un amigo que tenía una relación bastante tóxica con su ex enamorada me decía: “Sé que la tengo que dejar, pero la amo”. Yo le pregunté: “¿Cómo sabes que la amas?”. Él me respondió: “Es que siento que la amo”. ¿Es válido, en base sólo a un sentimiento, sacrificar la propia integridad? ¿Es que acaso eso es lógico?

Con frecuencia se me acercan amigos o jóvenes y me comentan: “No sé qué hacer, me pasa tal cosa, pero siento esto”. “Sé que probablemente lo que te cuento no me convenga, pero siento que lo necesito”. “No puedo terminar con él/ella, porque siento que no la podré olvidar o que me quedaré solo(a) y que ya nadie me va a querer”. Pareciera como si en vez de tener sentimientos, fueran los sentimientos los que nos tienen a nosotros.

Sin darnos cuenta los hacemos protagonistas de nuestras decisiones, dejando sin voz a nuestra razón, debilitando así nuestra voluntad.

Vendría bien plantearnos las siguientes preguntas: ¿Son buenos o malos los sentimientos? ¿Sentir es bueno o malo? Pues no son ni buenos ni malos; lo que es bueno o malo es lo que hacemos con esos sentimientos, cómo los administramos. Por otro lado, hay cosas a nivel fisiológico y emocional que es inevitable sentir. Si es verano, por ejemplo, seguramente sentiré calor. Si acabo de terminar una relación de manera definitiva, es lógico que lo extrañe… ¿Pero por eso debo volver con él? ¿Es prudente tomar una decisión simplemente porque lo extraño? Tengamos en cuenta que los sentimientos son gobernables; es decir, yo los puedo “dirigir”, aumentar, disminuir o también contrarrestar.

No olvidemos, además, que los sentimientos son pasajeros.

Un día podemos sentirnos contentos, otro día tristes… Por eso no es recomendable tomar decisiones basados en algo tan cambiante, pues no siempre te sentirás igual. Pero ten en cuenta que tus decisiones sí pueden traer consecuencias de larga duración o permanentes en tu vida. Por eso, cuando tengas que tomar una decisión, no importa lo que sientas; lo que debes hacer es pensar con calma —evaluando los “pros” y los “contras”— y luego recién actuar, en ese orden, no al revés. Recuerda: no decidas cuando estés triste, no prometas cuando estés alegre. Nos conviene decidir en base a la convicción, no a la emoción.

El enamoramiento es una exacerbación de sentimientos, y es temporal; uno no está enamorado para siempre. Pero sí se puede amar para siempre. El enamoramiento es como la chispa que enciende el motor de un auto, pero el amor es lo que lo mantiene andando. El amor es renuncia, entrega, sacrificio y compromiso. El amor está por encima de los sentimientos. Por eso no, sino por el bienestar que la relación que estás construyendo ha traído a tu vida y a la de la persona que dices amar.

 

Nadia Montoya Gambini, estudiante de Medicina Humana y promotora de la castidad de La Opción V.

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