“Tenemos que actuar amando y sonriendo siempre, aceptando el calvario como la ruta más segura y provechosa para el alma”, alienta.

“Pilar siempre se está riendo y lo hace con una sonrisa que, casi sin darse cuenta, contagia a quien la conoce”. Así presenta el testimonio de esta oriunda de Osuna (1995) el portal de la Arquidiócesis de Sevilla (España). Tiene cara de niña, destacan, pero aclaran que “cuando habla sorprende su madurez y profundidad; pero, sobre todo, su alegría inagotable”.

Esta joven de 23 años asegura que el pilar de su fe es la oración, aunque “también encuentro al Señor en los niños y la naturaleza”.

Su convicción de fe ha sido tan vital que movilizó la conversión de su madre… “Cuando tenía 14 o 15 años -relata Pilar- necesitaba que mi madre fuera tan feliz como lo era yo al haberme encontrado con Jesús. Por eso, me pasé el curso rezando la mitad del recreo, en la capilla del colegio, pidiendo por ella. Con el paso del tiempo empezó a venir a Misa conmigo y hoy llego a casa y la encuentro rezando el Rosario o leyendo las lecturas del día. Con esto experimenté que el Señor me escuchaba y me cuidaba muchísimo”, relata la joven universitaria.

Cumplir la voluntad de Dios

Actualmente, Pilar está implicada en la tarea pastoral que desarrolla a través del Movimiento Paz y Bien y de la Delegación diocesana de Pastoral Juvenil. En cuanto al primero, explica, pertenece a la congregación de Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones, a las que conoce desde hace más de dos décadas. De su carisma, afirma, “me fascina la Alegría del Evangelio, el Amor a la naturaleza y a los hermanos, y el actuar amando y sonriendo siempre, aceptando el calvario como la ruta más segura y provechosa para el alma”. Así, tras una vida en este movimiento asegura que hoy Paz y Bien son “mi familia, me aporta apoyo, y el poder entregarme a los demás. Pero, lo más importante, es que me permite llevar a cabo la Voluntad de Dios en mi vida”.

Pilar también colabora activamente con la Pastoral Juvenil diocesana, concretamente desde las Jornadas Mundiales de la Juventud de Cracovia. “Cuando el delegado me llamó para ofrecerme formar parte del equipo fue un regalazo del Señor y una oportunidad a la que no podía negarme”, comenta entusiasmada. Y es que esta joven considera que sus coetáneos necesitan ser evangelizados porque “necesitamos agarrarnos a algo sólido, dentro de este mundo que va tan rápido que no nos permite pararnos a pensar en lo que realmente anhela nuestro corazón. Por eso, evangelizando podemos ofrecer a los jóvenes que su corazón descanse en el mejor Corazón de todos, el de Jesús”.

Fiel a Jesús, aferrada al Espíritu Santo

Pero, ¿cómo se camina hacia este logro? Le preguntan los del semanario de la Arquidiócesis. Con la sabiduría que sería más propia de una anciana sabia, la joven responde: “Estando, sin más; aprovechando el deporte, la música, el estudio…para que otros jóvenes entiendan que pueden hacer todo esto con el mejor acompañante: Jesús”.

Al terminar, Pilar se despide con una frase-arenga que la acompaña siempre: “¡Sin apagar el Espíritu!”.

Publicado originalmente en Portaluz

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