¿Que es un consagración? Consagrar en el sentido cristiano es dedicar lo que soy y tengo a Dios, y lo hago cuando me siento profundamente amada y deseo agradecer de alguna manera lo que Él los dones, la familia, el trabajo, los amigos  y todo aquello que me pertenece, para estar al servicio de quien no ha dudó entregarse en la Cruz por mí.

Cuando comprendo que todo lo que soy y tengo me ha sido dado y no me alcanzan las palabras, ni lo que haga para merecer tanta dicha y como dice la carta a los hebreos: “No quisiste sacrificios de animales ni ofrendas por el pecado. Pero me has dado un cuerpo para ofrecer.” Hb 10,5  el corazón humano que tiene sed de Dios sólo anhela volver a donde tiene su origen, cuando lo hace, la paz y la alegría llenan toda la existencia.

Para ello te sugiero eta bella Consagración:

“Jesús mío, estoy en tu divina presencia. Vengo a practicar un acto que ha venido siendo el objeto y anhelo de mi vida, desde hace tiempo. Vengo a darme a Ti, con cuanta sinceridad puede caber en mi corazón y del modo más espontáneo. Quiero no pertenecerme más a mí. Mis sentidos son tuyos; las facultades de mi alma, tuyas son. Mi salud, mi trabajo, mi descanso, mis alegrías y mis pesares, todo es tuyo. Al deshacerme de mí y pensar que ya no me pertenezco, sino que soy tuya, me siento llena de inmenso placer. ¿Acepta, Jesús mío mi donación? ¡Ah! Ya sé que me aceptas, porque sé bien que andas en busca de corazones que se te entreguen. Aquí está el mío, haz de él lo que quieras. Y, pues andas ofreciendo tu Corazón Divino, yo lo tomo con grande amor. Con él viviré; él me animará, con él sentiré y diré llena de gozo: `No soy yo la que vivo, Cristo es quien vive en mí’.

Tuya soy pues y tuya para siempre. ¡Qué dicha poder decir que Tú eres mi dueño! ¡Sí, Jesús mío!, ¡Tú eres dueño de mí!

En mis penas y en mis alegrías, tuya soy; en el trabajo, en el descanso, tuya soy; en la salud, en las soledad, en la vida, en la muerte, tuya soy y procuraré no desagradarte, antes bien, cuidaré con empeño de hacer lo que conociere ser de tu agrado. Mas como para todo ello, he menester de tu gracia segura de obtenerla, te la pido con todo mi anhelo.

¡Viva Jesús, mi dueño, para siempre en mi corazón!

Amén.

Mons Eugenio Oláez

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