La política del hijo único instaurada en China en 1979 ha supuesto una auténtica masacre, en especial de niñas, a través del aborto. Cientos de miles de niñas descartadas antes de nacer por el mero hecho de ser la segunda hija o simplemente por ser de sexo femenino.

Miles de familias amenazadas con violencia, con coacciones o con acabar en la cárcel por el mero hecho de querer ser padres con libertad.

Aún en medio de esa masacre permanente desde la instauración del Comunismo en el gigante asiático, surgen historias en las que la vida se abre paso por encima de las dictaduras, el aborto, la distancia y los miedos.

A lo largo de la última década del siglo XX, China abrió sus puertas a Occidente para facilitar que los niños -y especialmente las niñas- que habían escapado al férreo control de la política del hijo único tuvieran una oportunidad lejos de los orfanatos.

Nacida a orillas de un río, abandonada en un mercado

En 1992, Xu Lida y Fenxiang, contrajeron matrimonio en China. Al poco, tuvieron una hija, a la que pronto quisieron dar un hermano. La decisión suponía arriesgarse a ser perseguidos por las autoridades que imponen el férreo control antinatalista.

En efecto, al quinto mes de embarazo Fenxiang no fue capaz de ocultar su estado a las autoridades, que les amenazaron con demoler su hogar si se negaban a matar a su segunda hija antes de que naciera. 

Así fue cómo escaparon durante meses. Fenxian dio a luz en un bote, en medio de un río, donde se ocultaba. Tres días más tarde, se vio forzada a abandonarla en un mercado de verduras, tal y como explica Asia One.

Un mensaje con una cita

Pero no dejó a la niña envuelta en pañales sin más, a la espera de que alguien la encontrara. Una nota acompañaba a la bebé, con un mensaje sobre los motivos por los que habían dejado así a su hija y algo más:

“Si Dios tiene simpatía y se preocupa por nosotros, nos reuniremos en el Puente Roto en el Lago Oeste de Hangzhou en la mañana de la fecha lunar china el 7 de julio en 10 o 20 años”.

El Puente Roto de Hangzhou es uno de los atractivos turísticos más destacados de esta ciudad situada en el extremo este del país, junto al Mar de China Oriental. Y el 7 de julio lunar es el día en que en China se reunen los seres queridos.

Criada en Michigan, (EE.UU.)

Un año después, aquella niña llegó a los brazos de de Ruth y Ken Pohler quienes la criaron con el nombre de Kati en Michigan (EEUU) a más de 12.000 kilómetros de distancia. En el Instituto de Bienestar de Shuzou, donde la adoptaron, tuvieron el acierto de entregar la carta originaria a los padres adoptivos.

Una década después, comenzaron a hacer gestiones para localizar a los padres biológicos de su hija, aunque sin contárselo. Un intermediario acudió al Puente Roto en el Lago Oeste de Hangzhou en la mañana de la fecha lunar del 7 de julio.

La noticia de este encuentro, si bien remoto, entre ambas familias, fue seguida por millones de personas en China. Pero el intermediario declinó continuar haciendo de emisario y el contacto se perdió. 

Los Pohler vivieron con mucha intensidad este momento, un poco paralizados al saber que los padres biológicos de su hija existian, estaban localizables y podrían llegar a conocerse incluso.

Desce entonces, cada año, Lida y Fenxiang acudieron al Puente Roto el 7 de julio deseando reencontrarse con su hija. Los Pohler decidieron esperar a que Kati se interesara por sus padres biológicos para explicarle lo sucedido. Y pasaron otros 10 años.

Al cumplir los 20, Kati conoció todos los pormenores de su llegada al mundo y cómo tenía al alcance de su mano conocer a sus padres biológicos. Decidió entonces viajar a China. Y declinó el ofrecimiento de sus padres adoptivos para acompañarla. Era un viaje que debía hacer sola.

Y así sucedió. El 7 de julio lunar, Kati avanzó decidida por el Puente Roto de Hangzhou. Allí le esperaban su padre, Lida y su madre, Fenxiang, que no pudo evitar lanzarse a sus brazos. Veinte años después, allí estaba: viva, a salvo del aborto y feliz.

Fuente: Actuall

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