“No existe el hijo perfecto, ¡y tampoco la madre perfecta! Nosotras nos reunimos para orar por nuestros hijos y para darle gracias a Dios por el Hijo perfecto, que es Jesús, que nos anima a entregarle todos nuestros problemas y cargas”, explica al semanario madrileño Alfa & OmegaMavi Allende, coordinadora de Mothers Prayers en España.

Esta asociación de madres nació en 1995 cuando la inglesa Verónica Willliams se puso a rezar por sus hijos en compañía de su cuñada. Desde entonces, Mothers Prayers se ha extendido por 126 países de todo el mundo, en los cinco continentes, desde Cuba a la India, pasando por Canadá, África y toda Europa. Hay grupos de madres rezando en cárceles, otros de madres esquimales y también grupos de mujeres rusas ortodoxas. Dese el 16 al 20 de septiembre se han reunido en Ávila (España) en un encuentro internacional que ha reunido a 600 madres y 24 sacerdotes de todo el mundo.

“Lo primero que obtienes de esta oración de madres es la paz, porque una madre normalmente quiere organizar y controlar la vida de tus hijos y te preocupas muchísimo, pero lo más importante es que los dejes en manos del Señor, y eso a su vez te hace estar bien con ellos”, destaca Mavi Allende, una de las 2000 madres españolas que confían a Dios su tesoro más preciado: sus hijas e hijos.

“Llega un momento en que solo nos queda rezar por nuestros hijos, porque tienen una etapa en la que no nos escuchan”, atestigua Maite, una de las mujeres de Mothers Prayers. En la adolescencia, una de las épocas más difíciles, Maite tenía “cada día una pelea con ellos, pero me he dado cuenta de que no puedo llegar a todos los frentes. Estoy aquí solo para acompañarlos, y en ese camino debo respetar los tiempos de ellos y los planes de Dios”.

Las reuniones de Mothers Prayers consisten en pequeños grupos de 2 a 8 madres “para crear intimidad y confidencialidad, que puedas sentirte bien si quieres contar algún problema o algo personal”, dice Maite. El hilo de conductor es un pequeño librito de oraciones, traducido ya a 40 idiomas, y unas cestas donde cada madre deposita en un papel el nombre de sus hijos. “Invocamos al Espíritu Santo y rezamos nuestras oraciones, pedimos protección para nuestros hijos y damos gracias por el don de la maternidad”, dice Maite, quien explica que también se reza por los sacerdotes más cercanos.

Gracias a estas reuniones “nos damos cuenta de que estamos en la vida para acompañar a nuestros hijos, sabiendo que son Suyos. Y entregamos a nuestros hijos de manera personal y espontánea, de modo muy libre”.

Los frutos de Mothers Prayers son visibles: separaciones que se logran evitar, hijos que llegan a matrimonios con problemas de fertilidad, reconciliaciones familiares, soluciones a problemas laborales, incluso curaciones físicas…, pero lo que más destaca Maite es que “a mí las reuniones me sirven para darme cuenta de que mis hijos no son míos y tengo que soltarlos. Yo no puedo controlarlo todo. Eso me produce un abandono total en manos de Dios que es muy liberador”.

Fuente: Portaluz

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