El mayor regalo que podemos tener esta Navidad es acoger a Jesús en nuestra familia todos unidos y recibirle en la Eucaristía durante todo el año próximo.

Se acerca la Navidad. Ya estamos en marcha para las compras y los regalos. Las tiendas ofrecen el black friday, el dos por uno y las rebajas de enero anticipadas.

Todos queremos obsequiar a los nuestros con el juguete que esperan, las deportivas de marca o el perfume que anuncia una modelo con acento francés. Eso está bien, pero no caigamos en el consumismo.

Propongo unas ideas alternativas que cuestan poco y valen mucho:

  • Llamar a esa persona que está sola y necesita hablar.
  • Decir a los que tratamos, las cosas que hacen bien.
  • No quejarnos continuamente de todo.
  • Escuchar con atención, aunque no nos interese mucho lo que nos cuentan.
  • Sonreír siempre.
  • Dar las gracias aunque sea su obligación atenderte.
  • Ser amable especialmente con los antipáticos.
  • Con las personas que te atienden, te informan, te sirven, mostrarte agradecido, educado y atento.
  • Contagia tu alegría a los demás.
  • Enseña todo lo que sabes, con lecciones prácticas y con tu ejemplo.
  • Sé comprensivo.
  • Perdona, no guardes rencor.
  • No juzgues, las apariencias engañan.
  • Ponte en el lugar de los demás.
  • Piensa en el otro, olvídate de tus problemas.
  • Desarrolla la paciencia, especialmente con los niños y los ancianos.
  • No economices las palabras agradables, derrocharlas, se puede.
  • Déjate querer, déjate cuidar, aunque pienses que no te hace falta.
  • No escatimes decir “te quiero” siempre gusta oírlo, no lo des por sabido.

El mayor regalo que podemos tener esta Navidad es acoger a Jesús en nuestra familia todos unidos y recibirle en la Eucaristía durante todo el año próximo.

Todos estos regalos son costosos. A veces no tienes ganas de sonreír, no estás alegre, la paciencia está agotada. Si obsequiamos a los que nos rodean con estos presentes, tendremos una FELIZ NAVIDAD. Eso es lo que os deseo desde España de corazón a todo el mundo.

María Luisa Martínez Robles

Publicado originalmente en Catholic.net

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