Consagración Necesitamos orar en familia, hay una gran necesidad de unidad en nuestra sociedad, pero jamás aprenderemos a caminar unidos hacia el bien si no estamos dispuestos a buscar primero el bien común antes que el propio.

Cuando Jesús fue traspasado en la cruz por la lanza del soldado, salió sangre y agua, ello nos recuerda humanidad de Jesús, el dolor, el sufrimiento que estuvo dispuesto a pasar por amor a cada uno de nosotros.

 

En una reunión de padres de adolescentes algunos de ellos se mostraban preocupados por el camino equivocado que estaban siguiendo sus hijos, el expositor les pregunto: “¿rezan el rosario  en familia?” la respuesta fue “no” con cierta pena; continuando el dirigente les recalcó que el aspecto espiritual es muy importante y lo dejamos pasar como si no importara, “ya sé que es importante llevar dinero a casa pero no puedes dejar que tus hijos crezcan sin una brújula que les indique el camino; si desde pequeños les infundes ese momento de silencio, de oración, de dirigirse a Dios… todo es diferente”.

El Corazón de Jesús nos ha mostrado su inmenso amor, intentemos corresponder un poco más cada día y Dios hará el resto volviendo nuestro corazón hacia Él.

Les compartimos esta bella consagración que pueden orar juntos en familia después del rosario cada viernes o en algún momento especial de oración familiar.

Consagración al Corazón de Jesús

Sagrado Corazón de Jesús, que manifestaste a Santa Margarita María el deseo de reinar en las familias cristianas, hoy queremos reconocer públicamente Tu dominio absoluto sobre nuestra familia.

Deseamos, de ahora en adelante, vivir con Tu vida; deseamos dejar que esas virtudes se arraigen y prosperen entre nosotros, por medio de las cuales Tú has prometido la paz aquí abajo; desterraremos lejos de nosotros ese espíritu del mundo que Tpu maldijiste

Gobierna, por lo tanto, sobre nuestras mentes a través de la simplicidad de nuestra fe y sobre nuestros corazones a través del amor genuino con el cual arderán por Ti, cuya llama se mantendrá viva a través de la frecuente recepción de la Divina Eucaristía

¡Dígnate, oh Divino Corazón, presidir nuestras asambleas, bendecir nuestras empresas espirituales y temporales, disipar nuestras preocupaciones, santificar nuestras alegrías y aliviar nuestros sufrimientos.

Si alguno de nosotros tuviera en algún momento la desgracia de afligirte, recuérdale, oh Corazón de Jesús, que eres bueno y misericordioso con el pecador penitente.

Y cuando llegue la hora de la separación, cuando venga la muerte a echar la tristeza en medio de nosotros, haremos todo, tanto los que se van como los que se quedan, para estar resignados a tus decretos eternos.

Nos consolaremos con el pensamiento de que llegará un día en que toda la familia, reunida en el Cielo, podrá cantar para siempre Tu gloria y Tu misericordia.

Que el Inmaculado Corazón de María y el glorioso Patriarca San José te presenten esta consagración y la mantengan en nuestras mentes todos los días de nuestra vida.

Toda la gloria al Corazón de Jesús, nuestro Rey y Padre

Amén.

Fuente: IFCJ

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