Nuestro médico Javier nos dijo “El enojo es una emoción que afecta a todo el cuerpo. Está demostrado que viviendo en el enojo acidificas todo tu organismo, creando un ambiente que posibilita la proliferación de enfermedades, ya que se daña el sistema inmunológico, muchos investigadores afirman que esta puede ser la causa del cáncer”.

Por Teófilo Aguilar

¿Enriqueta– preguntamos a coro– y no vino Javier? Sabíamos que tenían sus dificultades, pero al grupo de reflexión familiar siempre llegaban juntos. Hasta hoy. “Esto ya lo veía venir, dijo ella, tenemos muchas diferencias, en ocasiones discutimos, pero lo de ayer fue demasiado. Nos levantamos la voz, y dijimos cosas graves. No saben lo triste que estoy”.
José Luis, consultor matrimonial dijo de inmediato, hay que tener más cuidado porque, no solo yo en sesiones de orientación familiar en crisis, sino en todo el mundo, se ha encontrado que parejas, que incluso frecuentan los sacramentos y con buena educación en la fe, terminan por separarse por el mal manejo del enojo. Recuerdo que un experto dijo: “Si un esposo y su mujer se enfadan con frecuencia, terminan destruyendo la relación. La hace tan dolorosa que quieren terminarla. Los esposos necesitan ser especialmente cautelosos con esto y trabajar para superarlo”.
El Padre Samuel nos, dijo, recordemos que la ira se considera pecado si daña a otras personas, de palabra o acto. Aceptar a la otra persona como es, es un acto de misericordia.
Yo he encontrado—nos comentó Elena— que me ayuda mucho suspender completamente la discusión al menos por veinte minutos, si ya nos acaloramos, esto es lo que se tarda el organismo en serenarse, otros dicen “cuenta hasta 20, pero yo debo contar hasta 100 guardando total silencio”.
Nuestro médico Javier nos dijo “El enojo es una emoción que afecta a todo el cuerpo. Está demostrado que viviendo en el enojo acidificas todo tu organismo, creando un ambiente que posibilita la proliferación de enfermedades, ya que se daña el sistema inmunológico, muchos investigadores afirman que esta puede ser la causa del cáncer”.
Recordemos el dicho “El que se enoja pierde”, dijo José Luis, cuando nos enojamos perdemos la serenidad y la claridad de pensamiento, por esto es mejor detenernos.
A mí lo que me funciona, dijo Isabel, es buscar el lado positivo del enojo o del conflicto. Verlo desde otro ángulo. Un amigo gira la cabeza de lado buscando el ángulo novedoso del problema. A esto todos reímos. “Ríanse pero esto es muy válido, se ha descubierto que el humor facilita la creatividad y el encontrar alguna solución novedosa. En mi empresa, en las evaluaciones, llevamos un micro aspersor de agua, y cuando alguien se enoja o dice un insulto lo empapamos”.
Por otro lado, la mayoría de los analistas de la conducta de enojo nos ayudan a descubrir que, en demasiadas ocasiones, el motivo del enojo es tan insignificante que no vale la pena tanto “esponjarse”, como dice una amiga. “La gente se enfada por pequeñeces, cosas sin importancia”, afirma. “Hay que pensar ¿Vale pena enfadarme por esto? Si no, déjalo pasar. Simplemente olvidarlo”.
Por esto lo que dice san Pablo es un seguro contra las enfermedades y contra las separaciones. “Alégrense en el Señor en todo tiempo. Les repito, alégrense, Y sea tal la perfección de su vida que toda la gente la pueda notar. El señor está cerca: no se inquieten por nada.” (Fil 4,4).

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